La Asamblea Constituyente estaba ciertamente en dificultades, pero no eran ni mucho menos insalvables. Hubiera bastado con reconocer sin estridencias que la conducción ejercida por el MAS y los personeros que lo representaban en diversas competencias en la directiva y las comisiones, no demostraron en la etapa pasada estar en condiciones de armar un texto constitucional completo, que sirva de base para organizar las deliberaciones con las otras fuerzas políticas y sociales, pero tampoco de administrar un proceso de ensamblaje de una propuesta compartida entre varias bancadas mediante una negociación sistemática y equilibrada, que exprese el amplio consenso de cambios que una y otra vez ha sido expresado por los más diversos sectores sociales y por la opinión pública en general.
Una autocrítica sobria y bien planteada del partido mayoritario podría haber dado lugar además a una recomposición de los estilos y métodos de conducción, sin proyectar por eso una imagen de derrota hegemónica para festín de las diferentes corrientes de oposición. Varios asambleístas de otras fuerzas podrían haberse sumado a su vez a un reconocimiento de errores cometidos como colectividades políticas individuales y como cónclave deliberante en su conjunto, con miras a una auténtica reconducción del proceso, empezando por un acuerdo básico sobre el alcance de las transformaciones estructurales y cambios constitucionales posibles a estas alturas del proceso.
Todos los que han seguido la trayectoria de la Asamblea Constituyente coinciden en que son de seis a ocho los temas medulares susceptibles de satisfacer las expectativas de todas las fuerzas políticas y regionales vigentes. Una discusión bien administrada podría en consecuencia converger hacia una matriz de coincidencias potenciales y umbrales tolerables de disidencias, que facilite la negociación transparente de un acuerdo sustantivo respaldado a geometría variable por el sistema político realmente existente. En sociedades fragmentadas, donde las instituciones son frágiles e inestables, no se puede aspirar a mucho más que esto. Lo que no excluye la posibilidad de una construcción institucional paulatina mediante un proceso de reformas acumulativas con desenlace abierto.
Lo que provoca en cambio confrontación permanente y anomia institucional peligrosa es la pretensión de imponer un esquema excluyente de gestión del poder, fundado en los intereses exclusivos de una sola de las fracciones socio-políticas, y donde no se permite el funcionamiento autónomo de los escenarios legítimos de negociación democrática de las reformas constitucionales y las políticas públicas. Bajo tales condiciones, las diferencias doctrinales y programáticas entre las posiciones clásicas de derecha e izquierda pueden desplazarse hacia una contradicción mayor entre democracia republicana y autoritarismo populista.
Si algo hemos aprendido de la historia es que no existe reparación perdurable de la injusticia social mediante otro procedimiento distinto de la democracia, sus reglas fundamentales y sus instituciones republicanas. Y es por eso que preocupa el clima de confrontación que se ha instalado ahora en la ciudad de Sucre, a partir de una votación irregular conducente a impedir la discusión de la capitalidad en la Asamblea Constituyente. Se trata sin duda de una torpeza innecesaria que ha puesto en peligro el propio futuro de la propia Asamblea y podría acarrear también consecuencias en otros ámbitos.
*Horst Grebe L. es economista.
¿Y la justicia dónde está?
El Choco Millán puede considerarse un hombre feliz: después de asesinar a mansalva a tres personas, la justicia boliviana le ha dado 15 años de prisión, lo que hace suponer que el querubín estará de nuevo paseando por las calles en seis o siete años.
La boca excedentaria
A la ya delicada posición que la producción excedentaria de coca —toda ella destinada a la fabricación de cocaína— coloca a nuestro país, los bolivianos estamos también condenados a padecer la incontinencia verbal del presidente Morales
Democracia y capitalismo
En el mundo contemporáneo coexisten diversos sistemas de regulación de las actividades políticas y económicas. Dos de ellos —democracia y capitalismo— suelen complementarse aunque no sin experimentar una serie de tensiones
Hurgando males nuestros
En una reunión de amigos, no faltó el que lanzó el consabido halago sobre mis escritos, acompañado de un “pero, ¿puedo hacer una observación?”. Le dije tres veces que no, pero insistió: deberías variar tu tónica si no quieres ser encasillado, sentenció.