Los bomberos luchan por rescatar a sobrevivientes Derrumbe • El lugar más afectado por el temblor del miércoles es la Iglesia de San Clemente, donde se teme que murieron unas 200 personas.
Los bomberos del puerto peruano de Pisco cumplían ayer una carrera contra el tiempo para intentar rescatar a un número indeterminado de personas que permanece bajo los escombros de la iglesia de San Clemente, que se derrumbó tras el fuerte sismo.
Luego de varias horas de trabajo, cerca del mediodía los bomberos dieron una primera satisfacción con el rescate de una mujer y luego de otras cinco personas, que de inmediato fueron evacuadas a un hospital de esta ciudad, 240 kilómetros de Lima.
Pero antes de ello, los bomberos tuvieron que pasar horas de frustración e incluso enfrentar la cólera de los ciudadanos iqueños, que no sólo les pedían celeridad en la tarea sino que intentaron realizar el rescate por su cuenta.
Los pobladores, que decían que escuchaban lamentos debajo de los escombros, intentaron ingresar y hacer el rescate por su cuenta en la iglesia, de la cual sólo quedaban en pie el frontis y las cúpulas laterales, pero al fin fueron disuadidos por los rescatistas quienes les señalaron que hacer un salvamento por su cuenta sólo aumentaba el peligro. “No queremos más muertos”, gritaban los socorristas.
El miércoles, el terremoto de ocho grados en la escala de Richter sorprendió a los fieles en plena misa de Difuntos, en la iglesia de San Clemente, una construcción del siglo XVIII.
Roberto Dávalos, un hombre que pasa los 50 años de edad, espera con resignación y esperanza el trabajo de los bomberos. “Ya sacaron a seis personas y por eso espero que mi madre y mi hermana, que estaban adentro, salgan con vida”, dijo a la AFP.
Dos hechos interrumpieron por un momento la actividad frenética de los rescatistas: la primera vez fue cuando se sintió una de las más de cien réplicas que siguieron al sismo.
En ese lugar, a unos cinco kilómetros del mar, se empezaron a escuchar los gritos de “tsunami, tsunami”, lo que era evidentemente una falsa alarma.
Luego vino la visita del presidente Alan García, quien llegó hasta el lugar acompañado por algunos de su partidarios y recorrió a pie las calles repletas de escombros. Pisco (Perú), AFP