La Cámara de Diputados de Bolivia se incluyó en la lista de los parlamentos del mundo que resuelven sus diferencias políticas con puñetes, patadas, insultos, pellizcos, chicotazos y amenazas de mayor violencia.
En el mayor escándalo del Congreso en la reciente historia de la democracia, el oficialista MAS y el opositor Podemos se alejaron por el futuro de cuatro magistrados del Tribunal Constitucional.
La pelea se desató, desarrolló y terminó en poco más de 40 minutos, pero el clímax de la violencia no superó los seis minutos.
Eran las 11.49 de ayer, cuando la tensión en la Cámara de Diputados se disparó. Minutos antes, la bancada de Podemos había tomado la testera de la sala, debido a que la directiva rechazó una resolución que anulaba obrados del MAS contra los cuatro tribunos.
La toma de la testera, por parte de cuatro parlamentarias de Podemos con el respaldo de los varones, exacerbó a los masistas que se pusieron en plan de recuperar el espacio que preside Edmundo Novillo, quien había declarado el cuarto intermedio en sala para restablecer la calma.
La medida no dio frutos. El griterío fue infernal. Proliferaron los insultos y desafíos mientras los masistas se acercaban a la testera en manos de Podemos.
En el pasillo que separa la testera de los curules, el opositor Bernardo Montenegro discutió con masistas y les retó a irse a los golpes, entonces sus colegas Ninoska Lazarte y Antonio Franco bajaron de la testera para calmar la furia del parlamentario.
Los diputados se agolparon al pasillo que da a la testera. Uno discutió con otro, otro forcejeó con otro. Y otras, sigilosamente, pellizcaban o pateaban a Ninoska Lazarte, quien recibió un tirón de cabellos de Emiliana Aiza. “Oye, no por la espalda”, le dijo tras reponerse.
Mientras desde la testera se lanzaban amenazas y gestos de menosprecio, Aiza repartía patadas en el tumulto de diputados. Arturo Murillo, congresista de Unidad Nacional (UN), contó que dio un brinco pues le lastimaron los genitales. “Yo quería calmarla, pero recibí un apretón en mis partes nobles”, relató a este medio.
Dirigidos por Antonio Franco, varios podemistas ocuparon las graderías que llevan a la testera para evitar el paso de los masistas. Hubo forcejeos y el cruceño dio un empujón a alguien que le lastimó los testículos. (Franco dice que es la masista Estela Apaza). Y entonces se desata la furia.
Severino Limachi, diputado suplente del MAS, fue el protagonista del incidente principal. En menos de un segundo asestó cuatro golpes con la mano izquierda al ojo derecho de Franco.
Bernardo Montenegro se interpuso en la pelea para contener a Limachi, quien recibió puños equivocados de masistas. En la pelea, los parlamentarios recordaron a un episodio entre pandillas.
Las cámaras no se apartaban del lugar, pero les era imposible captar todo: el podemista Ronald Moreno cayó de espaldas al piso. A unos metros de él, el masista Martín Mollo, con chicote en mano, golpeaba a los opositores. En pocos segundos fue difícil distinguir a todos, pero brillaron Fernando Messmer, Ernesto Justiniano y Gustavo Torrico.
Si segundos antes algunas mujeres masistas pellizcaron y patearon, en el peor momento y desde la testera Lourdes Millares lanzó una botella, echó agua y hasta casi arrojó el aparato del timbre. Abajo, un parlamentario masista levantó una banca y amenazó con lanzarla contra su rival. Reflexionó en instantes y se contuvo.
Otros diputados se treparon a los curules para desde arriba repartir patadas a sus colegas, incluso uno de ellos recorrió de atrás hacia adelante y a saltos por las mesas de los parlamentarios para lanzar golpes a los parlamentarios del bando contrario.
El enfrentamiento empezó a ceder cuando dos uniformados de la Policía y funcionarios administrativos de la Cámara Baja se abrieron paso con bastante dificultad para decirles "¡basta!".