Nos hemos cansado de mencionar que los esfuerzos por diferenciarse del pasado es algo que preocupa hasta quitar el sueño a nuestros gobernantes. Eso ocurre en cualquier traspaso de gobierno, pero en el caso actual, estos esfuerzos tuvieron una presión adicional debido a las condiciones políticas y sociales que precedieron a la elección del primer Presidente indígena de la República.
Sin embargo, que el Gobierno actual no es neoliberal, es tan sólo un ramillete de buenas intenciones. Y vamos a los hechos. Si nos fijamos, por ejemplo, en la política fiscal y su orientación, las cifras de lo realizado nos conducen, a manera de flashback, a la década del noventa. Como la gestión actual no termina y las cifras para este año no son confiables todavía, nos basaremos en un seguimiento que hizo CEDLA a las cifras fiscales del pasado año.
El 2006 tuvimos un superávit histórico de 4,6 por ciento respecto del PIB. En esto, la renta hidrocarburífera tuvo mucho que ver, pues se recaudó sólo por concepto de Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH), 682 millones de dólares.
Lo anterior significó que los ingresos tributarios crecieron entre 2005 y 2006 en un 35 por ciento, el más alto en más de diez años. Sin embargo, el peso del IDH en el crecimiento de recaudación tributaria fue muy alto; si se hace el cálculo sin el IDH, el crecimiento de la recaudación tributaria apenas hubiese llegado al 16,6 por ciento.
El asunto es que, además de la alta dependencia de la explotación de recursos naturales, la presión fiscal sobre el consumo (subió a 15,5 por ciento respecto del PIB el 2007) y la aplicación de impuestos de carácter regresivo continúa en auge. Lo que pasa es que el buen momento en los precios de materias primas, nos dice el informe, fue una cortina ideal para no modificar la tendencia regresiva de los tributos: si vemos otra vez los numeritos, el IVA y el ICE, dos impuestos “ciegos”, han crecido, sin tomar en cuenta al IDH en el cálculo, en un 24 por ciento el año pasado y representan el 42 por ciento de los ingresos tributarios.
A ello se suman las medidas de mayor fiscalización y universalización que el Servicio de Impuestos Nacionales implementó, sin modificar la orientación regresiva del sistema. Todos nos alegramos que se haya obligado al transporte interdepartamental ingresar al Sistema Tributario Integrado.
Un último dato. El año pasado el balance fiscal positivo tuvo otra ayudita: la ejecución del gasto el 2006 dejó como saldo en las arcas fiscales 864 millones de dólares sin ejecutar, de los que el 66 por ciento pertenecía a prefecturas y gobiernos municipales. ¿Cuánto será lo que quede a finales de este año?
*Gustavo Luna es comunicador y trabaja en el CEDLA.
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