Los últimos acontecimientos en relación a la Asamblea Constituyente (AC) han abierto un amplio conjunto de alternativas políticas que tienen pasmados a los analistas por la rapidez con que surgieron y además con que cambiaron la correlación del apoyo social que sustentan tanto al oficialismo como la oposición. En efecto, hasta hace un par de meses, la hegemonía del Movimiento al Socialismo (MAS) era indiscutida y la oposición, liderada políticamente por PODEMOS y regionalmente por Santa Cruz, parecía acorralada y dispuesta a negociar con el MAS bajo la premisa que la implementación del modelo socio-económico-político del partido de Gobierno era inevitable y que sólo quedaba convenir aspectos de dicho modelo que permitieran algún grado de autonomía regional que contrabalanceara el centralismo que la izquierda gobernante quería mantener.
El instrumento de implementación del modelo masista era la nueva Constitución Política del Estado (CPE) que está siendo diseñada en la AC, donde la ideología del partido gobernante se estaba plasmando copiando casi paso a paso el proceso democrático que hizo que el Presidente Chávez pueda hacer lo que le venga en gana y además eternizarse en la presidencia de Venezuela. Si bien la AC no logró aprobar ni siquiera un artículo de la nueva CPE durante el año que tenía de mandato, este tema no parecía preocupar mayormente al MAS ya que el apoyo social que tenía era enorme y se podía dar el lujo de gastar tiempo debido a que la economía estaba hasta ahora yendo bien. Es así que los resultados de la negociación parlamentaria entre el MAS y Podemos para alargar hasta diciembre el funcionamiento de la AC no satisficieron a Santa Cruz ya que aparentemente se había dado una gran ayuda al MAS al habilitar la posibilidad de la reelección presidencial en la nueva CPE -cosa sencilla para el oficialismo dada la alta aprobación que tiene Evo Morales y además, por ahora, la única persona que puede asegurar que el MAS sea reelegido-. Peor aún, la oposición habría entregado en bandeja el arma más importante que tenía que era aprobar por dos tercios la nueva CPE, ya que caso contrario, al no haber dos tercios en la AC, no había una nueva CPE y de esa manera, el instrumento para mantener la hegemonía del MAS no hubiera podido levantar vuelo.
La situación para la oposición sería peor ya que la Ley sancionada el 3 de agosto pasado permite que se presenten dos alternativas de CPE sobre las que los bolivianos tendremos que escoger, la de la votación por mayoría de la Asamblea, que sería la visión masista del nuevo país y la versión de la minoría, que sería la visión de la oposición. Esta metodología, dada el radicalismo que se ha atrincherado tanto en el oficialismo como la oposición, podría llevar a enfrentamientos fraticidas, dependiendo esto último de hasta donde está dispuesto a llegar el MAS en su deseo de imponer su visión de país, apoyado financieramente por Venezuela y logísticamente por Cuba, aspectos cruciales que podrían hacer que los resultados de los referéndum se inclinen hacia el MAS, no importando cuán bien lo esté haciendo en su gestión de gobierno. La situación conflictiva en la que ahora está el MAS se produjo por una “jugada anunciada” de la oposición y que fue el tema de la capitalidad, cuestión que el oficialismo no supo resolver a tiempo y dejó crecer al extremo que ha hecho quedar al departamento de La Paz prácticamente sólo y enemistado con los demás departamentos, quienes ven ahora a La Paz como una región que no quiere la descentralización porque esa medida le quita poder político y económico. Por otra parte, Santa Cruz ve más peligrosa la posibilidad que el MAS siga en el poder más allá del término establecido (2011) que la necesidad de tener autonomías vía una nueva CPE, y es por eso que es muy probable que la “media luna” deje morir a la AC, a sabiendas que para ejecutar una buena descentralización y llegado el caso obtener la autonomía que tanto anhelan, no necesitan de una nueva CPE. Más aún, en las próximas elecciones presidenciales, está claro que el candidato que ofrezca más autonomías será el que gane incluso en La Paz, ya que si se llega a confirmar que hay petróleo y gas natural, La Paz ya no se preocupará tanto de la capitalidad y sí de gastar sus nuevos recursos.
El tiempo histórico ha llegado y es de esperar que el MAS esté a la altura de las circunstancias, para ello sólo debe hacer dos cosas: primero, negociar sin tratar de imponerse a como de lugar y segundo, no dejar que se le abra un frente más en el lado económico.