Las bofetadas, patadas y chicotazos que se propinaron los honorables diputados del oficialismo y la oposición el pasado miércoles, satisfizo a quienes pretenden borrar del mapa político las instituciones “neoliberales y oligárquicas” porque estorban al proceso revolucionario en marcha. El socialismo comunitario que profesa el actual Gobierno prefiere instituir un nuevo superpoder conformado, ya no por los partidos políticos, obsoletos y desnortados, sino por “sus” organizaciones sociales. Sobre esta plataforma se podrá imponer más fácilmente una nueva Constitución Política del Estado de contenidos chavistas, en la que el Presidente re-re-electo indefinidamente gobernará por decreto a su capricho. Así, la reconstrucción de la República de Bolivia será mucho más eficiente y sostenida en el tiempo porque estará regida por un presidente con tiempo ilimitado de ejercicio.
El Gobierno tiene prisa en implantar un nuevo régimen. Prefiere gobernar a golpe de decretazos, más rápidos de decidir y de aplicar, sin tanta verborrea e incluso lucha libre en los hemiciclos legislativos. Al Gobierno le incomoda también la fiscalización parlamentaria, aunque sea de unos debilitados opositores. Y la prensa libre, aunque sea constructiva, es vista con malos ojos. El socialismo comunitario aspira además a controlar los tribunales que tuviesen la osadía de fallar en contra del “nuevo Estado”. Por eso los más altos magistrados del Tribunal Constitucional han sido irregularmente destituidos de un plumazo. La historia del siglo XX nos recuerda trágicos ejemplos de caudillaje de este tipo.
Una de las facetas macabras de esta corriente es el grito de guerra elegido por sus seguidores: “Patria, socialismo o muerte”. Una poco imaginativa copia del lema utilizado por Fidel Castro en su próspera y democrática isla de la fantasía. Pues bien: destripemos cada palabra de esa consigna. La palabra “patria” viene de perlas para atontolinar a los patriotas sinceros pero incautos. Lo del “socialismo” tiene escamados a muchos que han hojeado la historia universal del siglo XX y han comprobado a dónde lleva la quimera originalmente moscovita. Y lo de la “muerte”, pues que no se alegren las siempre enlutadas empresas funerarias porque, tenga usted por seguro que los que gritan el fatídico lema no arriesgarán su pellejo. Las vidas ajenas, en cambio, no están garantizadas.
Volviendo a los hechos violentos de la semana pasada, los más graves fueron los ocurridos en Sucre en donde las autoridades locales, asambleístas y universitarios se enzarzaron en combates callejeros que tuvieron que ser contenidos por los gases y balines de la Policía dejando a 10 personas heridas. Incluso unos vándalos iracundos saquearon un domicilio particular. ¡Pero en qué país vivimos! Previamente, la Asamblea Constituyente, engañosamente democrática, fue un aborto, como podía preverse y cuyas consecuencias nos hacen temer que vamos camino del sistema chavista.
El carnaval no ha terminado. 6 departamentos 6, anuncian un paro cívico para el próximo martes 28. Esta protesta hay que interpretarla como una señal de hartura y descontento frente al Gobierno. La defensa de la capitalidad plena de Sucre es sólo un pretexto.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
El triunfo de Evo Morales
No es que Evo Morales sea muy buen político. Lo que pasa es que sus rivales son muy malos políticos.
Capital rotatoria
He seguido el absurdo debate sobre cuál debería ser la ciudad capital de Bolivia y debo admitir que los bolivianos tenemos una innata tendencia para concentrarnos y gastar energías en actividades que no tienen absolutamente nada que ver con los verdaderos problemas del país.
¿Triunfaron los guerreros?
Insisto en hablar sobre economía, pero la realidad tozuda de la política no me deja. Quisiera seguir discutiendo sobre cómo controlar la inflación, pero sobre todo cómo de una vez por todas comenzar la revolución de la producción y empleo
Intereses, pasiones y país en Sucre
He ido retrasando hasta el último minuto escribir esta columna, en la esperanza frustrada de noticias frescas más halagüeñas sobre Sucre y la Constituyente, nuevo epicentro de nuestros terremotos políticos.
La Rusia de Putin
... la democracia necesita, para arraigar y desarrollarse, una mínima base institucional, como la que existía en Polonia, en Hungría o en la República Checa al desmoronarse el imperio soviético.