Rurrenabaque, San Borja, San Ignacio de Moxos y Los Santos Reyes mostraron el valor cultural del Beni del 4 al 12 de agosto. Las estrellas principales: los paisajes paradisíacos de la región.
Texto: Miguel Vargas Saldías • Fotos: Javier Badani
Rurrenabaque, tierra querida, hoy te canto en tu aniversario”, dicen la guitarra, el acordeón, el bombo y las percusiones de Los Cuatro del Norte. Pero se equivocan. Este pueblo no festeja ahora su cumpleaños, sino un evento que une a cuatro municipios del Beni para mostrar la riqueza de la zona amazónica. Llegó Cultura Verde y promete quedarse.
“Todos los cambas, todos alegres” sigue cantando el grupo típico beniano mientras Franklin Santander, director ejecutivo de la Fundación Transparencia y coordinador general del proyecto Cultura Verde, explica el evento. “Es una consecuencia de años de trabajo apoyando a la Mancomunidad de Municipios del río Beni. Eso nos ha permitido conocer a la gente y la vocación de la zona”.
La propuesta de Cultura Verde consiste en articular tres ejes capitales para la región: la cultura, el desarrollo económico y el turismo. “Pensando en esos componentes trabajamos una serie de propuestas y las presentamos a las prefecturas de La Paz y Beni, con la participación inicial de varios municipios como San Buenaventura e Ixiamas, entre otros. En el camino se fue quedando el lado paceño, pero el beniano se apropió del tema junto a los gobiernos municipales de Rurrenabaque, Santos Reyes, San Borja y San Ignacio de Moxos”. Está previsto que la iniciativa siga creciendo hacia otros municipios vecinos, articulando de esta forma toda la Amazonia.
En nueve meses de trabajo, Cultura Verde logró consolidar un festival —del 4 al 12 de agosto— que tuvo música y danza amazónica, una feria productiva y artesanal, un festival del pescado, la feria ganadera y de comida típica, turismo comunitario, el tour sinfónico de la Orquesta y Coro de San Ignacio de Moxos y la orquesta de Trinidad, y un ciclo de cine y video nacional. Para ponerle la guinda a la torta, se organizaron dos versiones de un “Megaconcierto por la Amazonia” que se celebraron a lo grande en Rurrenabaque y San Borja.
“Las actividades han sobrepasado las expectativas. La primera intención fue movilizar a la gente y se tuvo gran receptividad. Por ejemplo, en el Festival de Música y Danza Amazónica participaron vecinos como San Buenaventura, con una gran representación”.
Franklin sonríe. Más de 5.000 personas estuvieron en el megaconcierto de San Borja —donde participaron Maribel Llanos, Los Ases del Beni, Guapachá y PK2 como invitados especiales— y espera repetir la noche del 12 de agosto el gran éxito del emprendimiento.
Rescate de la música popular Viernes 10 de agosto. Un coliseo techado se abarrota de turistas y lugareños en Rurrenabaque. La música de Los Cuatro del Norte los convoca, trayendo al escenario melodías típicas de la región, con aquel ritmo que invita a mover las caderas y dar pequeños saltos.
Con seis bolivianos se ingresa a la fiesta que en su primer bloque muestra a los músicos, para dar paso a los bailarines que han llegado de distintas comunidades.
Los anfitriones inician la segunda parte con la danza de El balsero, formada por parejas de jóvenes que se deslizan acompañados de la tamborita. Su origen es reciente. Hace unos siete años, un profesor del colegio Obispo Juan Claudel creó este baile. “La danza la conforman 27 parejas. La balsa lleva una bella mujer porteña y se representa un río con olas. El vestuario consiste en un tipoy verde con una vara para las mujeres y los hombres visten de blanco y llevan una pañoleta roja en el cuello y un sombrero de saó”, explica Andrea Suárez Ruiz, de 14 años.
Su compañera, Marieli Delgado Greiberger (15), agrega que siempre se baila en la fiesta de Rurrenabaque, el 2 de febrero. “Sentimos una emoción muy grande por representar a nuestro pueblo”.
Es el turno de los Santos Reyes, que trae las principales expresiones de su fiesta, que se celebra cada 6 de enero. Allí está el palo encebado, el jocheo de toros y ritmos característicos como Los macheteros. Giancarla Téllez Raful y Rodrigo Yáñez Jaime, ambos de 16 años, están contentos de su participación. “Nos han invitado para mostrar la cultura de nuestro pueblo. Estamos en el colegio San Silvestre. Reyes está a 34 kilómetros de aquí y su gente es muy amable. Vayan, no se van a arrepentir”.
Así continúan las danzas. Están los vecinos del municipio paceño de San Buenaventura, que presentan un baile de origen tacana con flautas, acordeón y violines que se practica en tiempos de cosecha.
San Ignacio de Moxos tiene a Juan de Dios Caride, un hombre de 53 años que encarna al Achu, personaje con máscara de madera y un chasquero (fuegos artificiales) sobre el sombrero, que cada 31 de julio ameniza las fiestas patronales. Se trata de un abrazo entre comunidades vecinas que comparten sus expresiones, mientras en la plaza se proyectan películas como La vertiente (filmada en Rurrenabaque por Jorge Ruiz ) o Sena Quina, de Paolo Agazzi.
El megaconcierto
Noche del domingo 12 y cierre de fiesta. Luego de largos viajes por los distintos municipios, los equipos llevados desde La Paz y los músicos invitados plantan la tarima en la cancha de Rurrenabaque, montan luces inteligentes e instalan un gran sistema de sonido.
“Yo soy el Beni, señores”, sueltan en un canto Los Ases del Beni. Estallan los aplausos. Edgar Ruiz Calaje, director del grupo, festeja una presentación en que la variedad de estilos es el arma principal. “Tenemos apenas cinco años. Somos nueve integrante y hacemos desde mariachis hasta la bombilla, que es el grupo tradicional de la parte de Moxos. Cada integrante toca tres o cuatro instrumentos”.
Instrumentista desde los siete años, Edgar nació en San Joaquín, en la provincia Mamoré, al igual que sus compañeros. Sin embargo, la fama y los compromisos los llevaron a vivir en Trinidad. “Ahora nos vamos a la feria ganadera de San Joaquín, luego a Oruro, luego a un matrimonio en Santa Cruz y la Expocruz. Aquí tenemos la promesa de volver el próximo año”.
La estrella local del concierto es Maribel Llanos, una maestra de primaria de 27 años. “Somos artistas de la región que nos hemos hecho de a poco, no tenemos una formación académica, lo hacemos realmente por instinto y por amor a la música”. Si con sencillez ganó dos veces el certamen Beni Canta.
“Canto como hija de esta tierra, donde hay dificultades para seguir en la música”. Maribel es artista desde hace 10 años, empezó en colegio recitando en las horas cívicas hasta que descubrió su voz.
El talento también desborda en la presentación de los grupos estrella. Romil Travieso, director de Guapachá, escucha los gritos de las jóvenes aclamando a los integrantes de la nueva formación. “El grupo nunca había venido a este lugar, el tesoro más bonito, la Amazonia. La experiencia busca preservar la Amazonia y dar impulso a esta zona. Este año se debe dar a conocer esta hermosa región más a nivel internacional”.
Con su ritmo contagioso y la juventud que se ha inyectado al grupo, los músicos repiten el éxito de San Borja. El público logra alargar el evento media hora más. El cubano Alejandro Gutiérrez García, de 20 años, es el más joven del grupo y está rodeado de chicas que quieren darle un beso en la mejilla.
Mientras, en la cancha, Yerko Núñez Negrete, alcalde de Rurrenabaque, baila con su familia y disfruta del espectáculo. “Tratamos de promocionar la región. En primera instancia hemos entrado cuatro municipios con la idea de mostrarnos a nivel nacional y del mundo entero”, explica el burgomaestre, quien espera atraer al turismo local que puede llegar desde La Paz recorriendo 410 kilómetros en 19 horas o en una hora de avión.
Es la hora del grupo de cumbia PK2. Ya pasó hace rato la medianoche, pero el ritmo mantiene al público en movimiento. “La gente de Rurrenabaque se entregó y dejamos el corazón en estas tierras. Hemos tenido la oportunidad de estar aquí en un viaje de seis días, pero por este cierre maravilloso ha valido la pena cada segundo”, explica el cantante Wálter Zeballos.
Los ánimos siguen, pero se tiene la conciencia de que aún hay asuntos que arreglar en la región. “El tema carretero es terrible y este tipo de actividades puede ayudar a que los órganos competentes permitan promover el turismo interno. Hay mucha gente que se va a Ilo o Arica, cuando en Bolivia tenemos la Amazonia”, dice Franklin.
Y antes de empezar la planificación para la versión 2008, que hilará desde septiembre de este año, suelta una anécdota. “Alquilamos una moto en San Borja y el responsable la dejó en la puerta de la cancha la noche del concierto. Al terminar, la moto ya no estaba. Nos asustamos, pero lo que había pasado era que el dueño la reconoció y decidió llevársela a casa”.