Hoy el racismo ha recrudecido, no sólo está en la cotidianidad, o sea en la calle, en el mercado, en el minibús, sino que se ha trasladado a las palestras públicas, a los escenarios del Parlamento, del Poder Ejecutivo y a la tribuna constituyente. Desde que se ha instalado la Asamblea Constituyente no ha habido ni un día en que los representantes de origen guaraní, quechua y aymara no hayan sido insultados como “salvajes”, “indio” o “india”, “campesino”, “larama”, “t’ara”, “llamero” y estos términos o estigmas sobre todo asociados con “ignorante”. En Sucre se ha llegado al extremo de quemar la sede de los campesinos y la wiphala que es el símbolo más sagrado de los quechuas y aymaras.
En el Parlamento ocurre lo propio, sólo que los indígenas perdieron respeto al blanco, por eso las trifulcas y peleas a puñetazos tienen un significado: el trato de igual a igual. Eso antes no hubiera ocurrido, al día siguiente el indígena habría estado en las celdas de la policía. Ya es común escuchar por los programas radiales, cuando un representante nacional indígena está hablando sobre cualquier asunto, respuestas como: ese “menestro” “parlimenterio”, como sinónimos de insulto.
Lo paradójico es que cada día se va sosteniendo que Bolivia es un país mestizo como dicen aquellos que llegan a las ciudades. Entonces ¿por qué a ellos se les insulta llamándoles indios? Los elegidos como
representantes no solamente corresponden al área rural, sino son constituyentes y parlamentarios de circunscripciones urbanas. ¿No será que detrás de la palabra mestizo se quiere ocultar las crueles discriminaciones y seguir manteniendo los privilegios étnicos de los blancos y decir que todos ya somos iguales?
También se va sosteniendo que Bolivia se está dividiendo. ¿Qué es dividir para ellos? Es cuando se afecta a las instituciones colonialmente estructuradas, como son el Tribunal Constitucional, las grandes extensiones de tierras otorgadas gratuitamente por los diferentes gobiernos blancos y todos los privilegios ostentosos y vida fácil que se han construido alrededor de los blancos, a costa de los indígenas.
Por eso en la Constituyente no quieren modificar ni una coma a la actual Constitución. Por ejemplo, los curas quieren que el Estado siga siendo católico romano, que nada se cambie al actual sistema jurídico, que la economía capitalista privada siga siendo el régimen privilegiado por el Estado, el sistema político de democracia representativa se mantenga tal cual es. El sueño de ellos (los blancos) sigue siendo más bien que todas las sociedades indígenas sean incluidas a este sistema. De ahí que cuando los indígenas han planteado el Estado plurinacional, autonomías indígenas, economía comunitaria, sistema político y jurídico comunitario, religión plural, idioma nativo como oficial, se argumenta que se está dividiendo a Bolivia.
Los blancos, para defender todos sus privilegios ostentosos, se valen de todo, desde las peleas físicas, la movilización a través de los comités cívicos, la especulación de los precios, pasando por hacer creer que somos mestizos, porque ya no habría necesidad de hablar de indígenas ni estados plurinacionales, y hasta poner el tema de capitalidad plena para desviar la discusión de fondo.
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006-2007).
Polarización política
Algunos rasgos, unos conocidos y otros nuevos, caracterizan el escenario político del país:
Invasión bárbara e inmisericorde
La reserva natural de “El Choré”, con sus altas precipitaciones pluviales que la inundan por ocho meses al año, está en peligro. Ubicada al oriente del país, tiene como única vocación productiva según el Plan de Uso de Suelo (PLUS), la explotación forestal