Algunos rasgos, unos conocidos y otros nuevos, caracterizan el escenario político del país:
Por un lado, el gobierno central representa un cambio significativo no solamente en la manera de hacer política, sino en los propios actores de la política. El Movimiento al Socialismo, actualmente gobernante, mantiene un gran apoyo social y popular. El Presidente de la República no ha cesado de mostrar una gran cercanía a los sectores empobrecidos y campesinos, con los que se ha establecido una alianza estratégica de gobierno. El Gobierno está empeñado en lograr grandes cambios en los sistemas políticos, sociales y económicos del país. Esta estrategia pasa por reforzar el rol del Estado, recuperar la autoridad política y generar procesos de inclusión social.
Por otro lado está la oposición, atrincherada en torno a los comités cívicos del oriente, de la agrupación Poder Democrático y Social (Podemos), y de las grandes corporaciones económicas y de medios de comunicación. La oposición política, la única existente, ha optado por la férrea defensa de sus propios intereses y la confrontación directa con el gobierno teniendo en el horizonte el fracaso del mismo y el derrocamiento del actual régimen. Para ello, la actual oposición política, que largo tiempo estuvo en esferas de gobierno, utiliza viejas estrategias de reivindicación como son la movilización en las calles, los paros y huelgas, la obstrucción parlamentaria, aunque sea a golpes.
En general se observa un debate político absolutamente carente de ideas y en el que predominan los cálculos e intereses particulares y grupales por encima de la construcción nacional. Bombas de tiempo, cuidadosamente manejadas y reactivadas en el momento oportuno, como las autonomías y la capitalidad plena, no son sino una instrumentalización del ciudadano con la finalidad de destruir al enemigo y no dejar rastros de él.
Sería deseable que toda esta polarización que en muchas cosas bordea la irracionalidad, se enmarque en las reglas de juego democráticas y en el respeto, nos guste o no, a la autoridad legalmente constituida. Ello requiere el fortalecimiento de las instituciones políticas, sociales y económicas, dentro del marco democrático. Al mismo tiempo, la construcción de espacios ciudadanos para una mayor fiscalización del poder y de las mediaciones políticas. De alguna forma se mantiene la lógica de la dictadura corporativa y de los líderes políticos, y sociales, con una dudosa legitimidad democrática. De no corregir el proceso, se dibuja una profunda crisis de autoridad, a todos los niveles. Síntoma de esta crisis es que todas las corporaciones quieren ser gobernantes y ninguna quiere ser gobernada.
*René Cardozo es sacerdote jesuita.
Racismo en la palestra pública
Hoy el racismo ha recrudecido, no sólo está en la cotidianidad, o sea en la calle, en el mercado, en el minibús, sino que se ha trasladado a las palestras públicas, a los escenarios del Parlamento, del Poder Ejecutivo y a la tribuna constituyente.
Invasión bárbara e inmisericorde
La reserva natural de “El Choré”, con sus altas precipitaciones pluviales que la inundan por ocho meses al año, está en peligro. Ubicada al oriente del país, tiene como única vocación productiva según el Plan de Uso de Suelo (PLUS), la explotación forestal