La ganancia es alta y el esfuerzo reducido con el cultivo de coca, mientras que con otro producto el esfuerzo sube y la rentabilidad baja. En la zona de los Yungas, en los últimos años mucha gente optó por aumentar o cambiar su cultivo por uno más fructífero.
Adrián Chávez (52) cosecha cítricos cuando es temporada y los lleva a vender a la ciudad, donde por la oferta se rematan a 100 por ocho o 10 bolivianos. El año pasado había más fruta y por ello, dice, se la tuvo que rematar a 100 por cuatro bolivianos.
De su parcela salen unas siete mil naranjas, pero la ganancia comienza a esfumarse cuando tiene que pagar a los que le ayudan a cosechar y cuando debe pagar el transporte. Además, el esfuerzo que hace es grande, sacar la fruta con un palo, evitar que se dañe y cargarla hasta un centro de acopio cerca del camino.
Para los próximos meses, don Adrián y sus dos hijos deberán salir de su pueblo para ayudar a cosechar a otros o para trabajar de albañiles en algún sitio.
Pero, aquellas personas que tienen grandes terrenos con cítricos, ganan más debido a que producen más. Eso se da principalmente en Alto Beni.
Los empresarios aún tienen mayores ganancias porque están organizados y como en el caso de Banabeni o de la cooperativa Ceibo (cacao) exportan sus productos a otros países. La ganancia puede ser Bs 1.000 semanales.
Los cocaleros en cambio, cosechan más rápido porque sólo extraen las hojas de la planta y no necesitan cuidar de la misma, sólo deben esperar a que vuelva a crecer. Además, su costo casi no varía, un taque —que son 50 libras de coca— tiene un valor de 800 a mil bolivianos. Quien más terreno tiene, gana más.
Campesinos como don Adrián piden fábricas para mejorar sus ingresos.