Álvaro García Linera, es, con ventaja, lo mejor que tiene el MAS desde el punto de vista intelectual. Su desgracia es no ser “originario”, para no hablar de cholo o de indio que causa tanta rabia en Bolivia. Pero es un hombre sin duda culto, que se expresa en buen castellano, que está al tanto de lo que sucede en el mundo, y que, pareciera ser el único estadista en el MAS que pudiera ser el relevo de Evo Morales, que está lejos de ser un hombre de Estado. Además, García Linera tiene otro mérito: no ha caído en el adulo ni en la zalamería como para vestir esos atuendos raros que pertenecen más a los talibanes que a los antiguos pobladores de esta tierra. Y en las humaredas del Palacio, en los sacrificios, guarda una prudente distancia.
García Linera, recurriendo a sus conocimientos —y también a sus tretas pendejas de político— habló con dirigentes de casi todos los departamentos, por la red ATB, el domingo. El programa fue muy bueno y el Vicepresidente hizo gala de conocimiento, seguridad, coraje, y hasta lució una corbata elegante que hacía más confiable lo que decía. Nos gustó, aunque adivináramos algunas mentirijillas.
Pero es un hombre con doble discurso. ¿Por qué en Bolivia no puede haber alguien —hombre o mujer— que diga la verdad y no sea contradictorio? Porque el mismo domingo, en La Prensa, el periodista Carlos Morales Peña, captó algunas expresiones de Linera que nos dejaron secos. Resulta que el Vicepresidente es el que está alentando la invasión a Sucre con 100 mil “originarios” para evitar que los masistas sean atacados y para que en Sucre no sea un delito caminar por las calles con poncho o pollera. Se quejó porque a la presidenta de la Asamblea le hubieran dicho “chola ignorante” y quiere que le pidan disculpas. ¿Acaso los masistas no hablan de los k\'aras de mierda? ¿O de los cambas hijos de su madre? ¡Pero don Álvaro!
Entonces, este hombre culto y demócrata, quiere movilizar hacia Sucre 100 mil masistas para convertir a la capital en “una ciudad indígena, popular, obrera, campesina”, con la wiphala por delante. Y ha dicho que para el 10 de septiembre la diferencia entre los invasores y el pueblo sucrense tiene que ser de 10 a 1 para que ningún blancoide pueda denigrar a los representantes indígenas. Dijo que no deseaba que suceda lo que en Cochabamba, durante el estallido social de enero.
Un hombre que habla como estadista un día y el mismo día como salvaje nos deja perplejos. ¿Qué tiene en el alma el Vicepresidente? ¿Qué tiene dentro de su corazón o en lo recóndito de su caletre que reacciona así? No se olvide don Álvaro lo que sucedió en Santa Cruz en 1958 cuando la invasión ucureña. No quiera repetir en Sucre lo que pasó en Terebinto y en el Pozo de las Liras, porque esa sangre no se la va a borrar con nada y se va a tener que retirar a la docencia.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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