¿Qué podrá explicar, racionalmente, el que el Banco Mundial siga presentando, una y otra vez, Informes sobre la Informalidad que nada añaden, conceptualmente, a lo que ya se sabe desde los años 70? ¿Será cierto que la teología de nuestro tiempo es la economía? Esta iglesia de economistas jefes tiene en el dogma de la informalidad su dogma del Purgatorio. Cuando, en los 70, leía sobre el modelo sustitutivo de importaciones, ya se decía que la informalidad nace como una estrategia de sobrevivencia y complementariedad de los ingresos que la población no podía obtener mediante su incorporación al sector formal. En la década del 70 ya me enteré de algunas características de la informalidad que vuelven como padrenuestros: Actividades con nulo requisito de capital físico y humano. Utilización de tecnologías simples. Responden a mercados de bajos ingresos. No existe acceso al crédito. No se apega a la legalidad.
Son esencialmente actividades de subsistencia. Las actividades no tienen como fin la maximización de la ganancia sino la generación de ingresos para sobrevivir. En la década del 80, la OIT, en los gloriosos tiempos de la PREALC, ya consideraba que el problema de la economía informal es un problema de demanda y no de oferta y reconocía, además, su funcionalidad en la estructura económica y política de un país al sostener que es un fenómeno contra cíclico y que da estabilidad política y social. En la segunda mitad de esa misma década, el inefable De Soto consideraba que la economía informal surge por los costos excesivos en los que se debe de incurrir para estar incorporado en las actividades formales y por el excesivo marco regulatorio de las actividades económicas.
En los 90, Castells analiza la funcionalidad de la informalidad dentro del sistema capitalista, concluyendo que ésta siempre ha estado presente; es más, que irá en aumento, pues la identifica con el ejército industrial de reserva y que difícilmente podrá ser eliminada, debido a la funcionalidad que muestra para regular los salarios a la baja.
En la década de los 90, la incombustible OIT reconoce que la informalidad ya no es exclusiva de los grupos poblacionales más pobres, sino que detecta su existencia dentro de empresas formales bien establecidas.
En Bolivia, el CEDLA analizó la informalidad por arriba y por abajo: Antonio Peres, Roberto Casanovas, Silvia Escobar, Hermando Larrazábal, Antonio Rojas, Miguel Urioste, Carlos Villegas … Tengo dos baldas de mi biblioteca sólo con la producción del CEDLA de esa década sobre informalidad. Doria Medina también le dedicó su tesis de Maestría en la London School of Economics.
De modo que no puedo dejar de preguntarme ¿Cuál es la racionalidad de esa insistencia? ¿Qué no sabemos todavía? No se qué me asombra más, si su tenacidad dogmática o la bobería con la que nuestros oreopitecus politicus los reciben y halagan como Oráculos del Potomac. Tal vez harían bien en leer el libro de Hernando de Soto: El misterio del Capital. Por qué el capitalismo triunfa en occidente y fracasa en el resto del mundo. Lima, El Comercio, 2000. Sólo el título, porque De Soto es bueno para hacer preguntas pero muy malo para responderlas. Los físicos cuánticos tardaron un cuarto de siglo en aceptar la contradicción Onda/Partícula. ¿Cuánto tiempo más tardarán los economistas jefes en darse cuenta que das Mysterium des Kapital estriba en que es macho y hembra: Intercambio y Reciprocidad? ¿Ayni y money?
*Javier Medina es escritor.
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