Cuando este artículo llegue a sus manos, la manifestación cívico-política de seis departamentos ya habrá dejado su rastro. Los cívicos de esos departamentos movilizaron sus fuerzas para exigir al Gobierno un comportamiento democrático. El Gobierno, por su parte, empujó a sus movimientos sociales. Éste es el orden de batalla. Me lo imagino como un grabado napoleónico: los estados mayores de ambos bandos, desde sus correspondientes colinas, montados sobre briosos corceles, observan con sus largos catalejos los movimientos de las tropas de ambos bandos y dirigen las operaciones a través de sus ordenanzas que parten en veloces corceles hasta ponerse en contacto con los comandantes de las unidades combatientes.
Ahora son seis departamentos rebeldes contra tres leales al Gobierno central. Una desproporción notable. Tengo para mí que la motivación de fondo no es ni el proyecto de aprobar la reelección indefinida del Presidente de la República —como trató de explicarlo el vicepresidente García Linera— ni la exclusión del debate en la Asamblea Constituyente de la capitalidad plena para Sucre.
La motivación de las concentraciones organizadas por los cívicos para el pasado martes no fueron ni competiciones deportivas, ni expresiones artísticas o culturales. El anuncio hecho por el Vicepresidente, sobre la movilización de 100.000 campesinos (un tantico exagerado), tampoco fue folklórica ni una feria agropecuaria. Ambas fueron actuaciones netamente políticas. La motivación de fondo, como ya lo dije en mi artículo del pasado domingo, es la hartura y descontento frente al Gobierno. Lo demás, son pretextos para quitarle hierro al asunto.
El otro motivo de hartazgo ciudadano es la incapacidad de la Asamblea Constituyente para cumplir su cometido. La opinión más generalizada es que la Asamblea no ha servido para nada. O sí: ha servido para probar la incapacidad de la mayor parte de sus asambleístas así como el gasto de dinero del Estado en balde. Y esto tiene hastiados a muchos ciudadanos que se rascan el bolsillo para pagar sus impuestos. Y quienes no los pagan, también empiezan a sentirse hartos.
La suposición del Vicepresidente sobre una presunta ayuda económica de los EEUU a los “rebeldes” contrasta con los cheques que Evo Morales ha repartido a municipios e incluso a las Fuerzas Armadas. Sobre la supuesta entrega de dinero estadounidense, no hay pruebas. Acerca de los dólares del gran benefactor venezolano, los medios de comunicación nos han saturado de testimonios gráficos irrefutables.
¡Qué sugeriría Ud. para evitar mayores males? Pues que el Gobierno admita que tiene que rectificar su política fortaleciendo las instituciones republicanas en vez de reventarlas. Que se olvide del populismo y empiece a ordenar la economía. Que los cívicos de todos los departamentos hagan honor a su nombre y pongan el hombro en la tarea de unir a las regiones en su diversidad... Y que los movimientos sociales colaboren en la construcción de una sociedad laboriosa y fraterna. Y que Hugo Chávez deje de lavar el cerebro de algunos políticos bolivianos y de meterse en donde no le llaman. Y así, todos tranquilos.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
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