Durante varios siglos se ha mirado con temor y misterio la vida dentro del útero o matriz de la mujer. En aquellas épocas, se confiaba en que los especialistas “obstetras” tenían el don de saber lo que ahí adentro pasaba. Sin embargo, hasta antes de la aparición del diagnóstico por imágenes, los galenos tenían poca a mínima idea de lo que en realidad acontecía en el abdomen de una embarazada.
Las escuelas de medicina de ese tiempo preparaban a sus alumnos para ser capaces de atender los partos de la manera más delicada posible, minimizando al máximo los riesgos que se podían correr durante el complejo trabajo de parto. Dichos riesgos se consideraban principalmente a la muerte materna y/o la muerte del recién nacido. El resto del periodo del embarazo constituía una utopía de la naturaleza poco descifrable.
Con el pasar del tiempo y de la mano de la tecnología médica, poco a poco se comenzó a indagar con mayor perspicacia en el estudio del ser humano. No obstante, en las últimas cinco décadas se ha acumulado profundo conocimiento del feto humano en su hábitat transitorio (el vientre materno). Es así que, actualmente, la visión del control prenatal cambia trascendentalmente su horizonte. Mirando a la madre y al feto como dos pacientes independientes y dignos de ser estudiados y tratados, intentando ofrecerles las mejores oportunidades para vivir saludables.
En Bolivia, la mortalidad materna sigue siendo la causa de muerte de una mujer con elevados índices en el mundo; se desconocen, empero, las tasas de mortalidad fetal debido a los subregistros existentes.
Los numerosos avances médicos como la ecografía 3-4D, la genética del líquido amniótico, el estudio estructural de la anatomía fetal, la evaluación del bienestar fetal mediante pruebas de alta tecnología, nos llevan a considerar al feto como un paciente.
Actualmente, contamos con conocimientos mucho más cabales de su desarrollo en el medio ambiente intrauterino y la ciencia está avanzando a pasos agigantados para ofrecerles calidad de salud en su vida fetal. Por lo tanto, no es posible que los registros de mortalidad o sobrevida fetal nacional sean informales y poco confiables.
Para terminar, quiero reafirmar que en la medicina antigua el feto fue mirado como un objeto y actualmente con todos los avances biotecnológicos, ha pasado a ser un sujeto, quien naturalmente debe ser considerado en la medicina como “un paciente” y por lo tanto debe constituirse en un desafío nacional el brindarles salud de calidad como a todos los seres humanos que convivimos en este país.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra.
Amores y odios en la Asamblea
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