En agosto del 2004, cité el informe de un economista contratado por el Banco Mundial en relación a las economías informales de 110 países del mundo. Esta investigación demostró que el grado de informalidad en la economía boliviana alcanzaba la cifra de 67%, el segundo registro más alto de este fenómeno en el mundo.
Economistas del Banco Mundial han elaborado un nuevo estudio sobre la informalidad en los empleos en Latinoamérica y el Caribe. El informe revela que Bolivia, con aproximadamente el 80% de su masa laboral trabajando en la informalidad, ocupa el primer lugar. Las causas de la informalidad en el empleo y posibles alternativas de solución son analizadas por este estudio que entre sus conclusiones indica que ningún remedio a este fenómeno económico y social es de corto plazo.
La informalidad en el empleo genera una serie de distorsiones negativas en la sociedad laboral. Al empleado por estar desamparado de cobertura médica y de jubilación, al empleador informal porque sus trabajadores se pueden ir en cualquier momento en busca de mejores condiciones, al Estado por la evasión tributaria y a los empleadores formales por la competencia desleal de los informales.
Más allá de los hallazgos porcentuales o técnicos del informe, es necesario ver que la permisividad de un Estado a la informalidad presenta dilemas morales de convivencia en la sociedad. ¿Es acaso aceptable que algunos sectores paguen impuestos y otros no? ¿Que algunos ciudadanos tengan cobertura social y otros no? ¿Que algunos puedan tener una jubilación digna y otros no? Esta situación plantea un eminente fracaso estatal de protección a sus habitantes.
En mi parecer, uno de los principales catalizadores de la informalidad en nuestro país es el contrabando. Esta actividad genera una cadena de transacciones ocultas que evaden normas tributarias, deterioran la percepción de legitimidad del Estado y la confianza de la sociedad en sus instituciones, generando una “cultura de informalidad”.
Nuestro país parece siempre estar enfrentando lo urgente a cuenta de postergar lo importante. La lucha y el enfrentamiento ocupan siempre los sitios prioritarios en las agendas de los políticos, olvidando que otros países, paralelamente a sus disputas ideológicas, elaboran políticas de Estado pragmáticas que conducen al desarrollo y bienestar de su gente por encima de las utopías. ¿Qué lugar ocupa en la agenda oficial el empleo informal del 80% de los trabajadores en el país?
El rol del Estado se desvirtúa por el permanente conflicto y enfrentamiento que propone. Entretanto, seguimos siendo los campeones de la informalidad.
*Orlando Cabezas G. es ciudadano boliviano.
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