Cuando se dieron los bloqueos en Tarija hace aproximadamente un mes, la Policía canceló la salida de flotas a la Argentina. Los pasajeros se apretujaron para pasar la noche en las bancas de la estación. Al día siguiente, cuando se anunció que tampoco partirían ese día, los nervios estallaron, rompieron los vidrios y dañaron las instalaciones de la Terminal, como ya es costumbre, ante los ojos atónitos de dos actores de teatro de República Dominicana que habían sido invitados a representar a su país, en el “Encuentro de Teatro Breve, Tunka Pesqani” con la obra “La Puerta y el Silencio”. Habían venido acompañados de dos funcionarios de la Secretaría de Cultura y viajaban invitados hacia otro festival de teatro en la Argentina. Pronto llegó la Policía local con sus equipos antimotines, los revoltosos huyeron y los teatreros que procedían de un país que ama a los turistas, permanecieron aterrados en su banca y más bien, se acercaron a la Policía para indagar lo sucedido. Richard fue acusado del destrozo y como Margaret estaba con él, ambos fueron detenidos.
Una vez en la policía, se presentaron cargos de “incitación a la violencia” y fueron definidos como “agentes cubanos enviados por el MAS para promover el terrorismo”. Se les acusó de llevar un bidón de gasolina y cachorros de dinamita en la mochila y se les amenazó con varios años de cárcel. Como es costumbre en Bolivia, el abogado de oficio recomendó a Richard declararse culpable de haber roto un vidrio, porque “así se acortaría el trámite” y la pena sería apenas, pagar su costo. Cayó en la trampa y firmó la declaración en ese sentido. Los pobres teatreros permanecieron seis días en la cárcel de Morros Blancos. A esas alturas, el caso ya había sido magnificado por el propio Prefecto de Tarija, quien en declaraciones a Radio Panamericana dijo que el Gobierno estaba detrás de los bloqueos campesinos, y que incluso, se había enviado terroristas dominicanos y argentinos para desestabilizar su gobierno regional.
Cuando desde la República Dominicana, la Cancillería de ese país intervino y envió los 500 dólares que les conmutaba la pena de seis meses a que habían sido sentenciados, volvieron a La Paz en un bus de la misma flota que “ellos habían intentado volar y quemar”.
Ahora ya están de regreso en su tierra con sentimientos encontrados. Pese a los malos tratos de nuestra Policía y Justicia, tuvieron amigos bolivianos que les llevaban comida a la cárcel, haciéndoles saber que creían en su inocencia. Margaret comparaba el trato que brinda Bolivia a los extranjeros con el de su paraíso caribeño donde éstos son tratados como reyes, porque la gente los ve como a los impulsores de su extraordinario crecimiento económico. En un país sin recursos naturales, el turismo hace que República Dominicana crezca a tasas cercanas al 9 por ciento anual y el ingreso triplique el boliviano. ¿Y así creemos ir hacia una Suiza?
Jorge Zapp es consultor internacional.
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