Roberto Chojllu Orellana, estudiante; Richard Cayara Puma, abogado; Modesta Vilca y Gustavo Almaraz, no videntes. Ellos son cuatro de los 1.157 bolivianos que hace 18 días se encuentran en huelga de hambre en demanda de la capitalidad plena para Sucre. Hoy, sienten dolores de estómago y de cabeza.
Roberto estudia la carrera de Idiomas y es el ejecutivo de la organización juvenil Riqchari. Tras cinco días de huelga, consumiendo sólo mates y dulces, dice que sintió "mucho frío, especialmente los dos primeros días".
Richard, a cuatro días de haber ingresado, señala: "Estoy debilitado, me duele la cabeza, se me está tapando la garganta; pero ya no quiero comer: con sólo tomar líquido, me basta". Él nació en Ravelo, norte de Potosí.
Ni Roberto ni Richard habían hecho antes una huelga. Ayer, los dos llevaban adelante su medida junto a varios compañeros de facultades y colegios de Sucre en la retreta de la plaza 25 de Mayo, al aire libre, pero fueron desalojados por la fuerza de los gases que arrojó la Policía.
Todos tienen una causa única: lograr el traslado de los poderes Legislativo y Ejecutivo a Sucre, pero el caso de estos jóvenes es diferente al de Modesta y Gustavo, que son invidentes. Ella se define a sí misma como “una valiente mujer chuquisaqueña“ y advierte: "Voy a seguir hasta las últimas consecuencias".
Gustavo está operado de la cabeza, siente constantes punzadas y tiene presión alta. Se dedica a fabricar portamacetas. El del Instituto Boliviano de la Ceguera es uno de los 54 piquetes diseminados en la ciudad de Sucre, Muyupampa, Monteagudo, Padilla y Camargo con personas de todas las condiciones sociales.
Hace 18 días que la huelga
reúne, a veces en un mismo ambiente, a parlamentarios, constituyentes, cívicos, profesionales, estudiantes de colegio y universidades, vendedoras del mer-
cado, docentes, dirigentes sindicales, padres de familia, albañiles y funcionarios públicos. Las bajas, entre hombres y mujeres, suman 167. Redacción Sucre