La actitud del Gobierno denota nerviosismo y permite establecer que las decisiones que está asumiendo son las equivocadas. Es hora de recuperar la paz en Sucre y esto sólo se conseguirá si evoca el diálogo desde una postura transparente y no desde el doble filo.
La tensión que vive Sucre, en medio de una protesta sostenida por más de 19 días por la demanda de la reconstitución del tratamiento de la capitalidad plena en el seno de la Asamblea Constituyente, está en su cenit. Sucre vivió el viernes probablemente una de sus jornadas de protesta más difíciles donde miles de universitarios, que pretendían incursionar en la Prefectura de Chuquisaca de forma violenta, fueron frenados con gases lacrimógenos de parte de un contingente de policías, reforzados por orden del Gobierno.
La obligada situación confrontó a manifestantes y policías, en una fecha en que el saldo fueron más de 29 heridos, incluido un miembro de la prensa que fue atacado por una turba de universitarios que lo confundió con periodistas oficialistas.
Todo sucedió luego de que el jueves Sucre, la capital, y el departamento de Chuquisaca recibieran la noticia de la dimisión irrevocable del prefecto David Sánchez quien reveló explícitamente sentirse solo, sin apoyo gubernamental y negarse, además, a ser responsable de una escalada violenta. La sensación de crisis aumentó aún más en Sucre cuando las dos engarrafadoras de gas cercanas a la capital fueron tomadas por efectivos militares y las unidades castrenses acantonadas en la región recibieron suministros, material logístico y un contingente de refuerzos desde Camiri.
Esta última versión que había corrido como reguero de pólvora fue negada una y otra vez el viernes por miembros del Poder Ejecutivo, hasta que al final del día no le quedó otra al Gobierno que reconocer tal situación.
Este recuento de los hechos no es una simple crónica a modo de ubicar al lector en una situación particular, por el contrario permite establecer a partir de suceso tras suceso la situación de extrema tensión que vive Sucre, hoy convertida, paradójicamente en el centro de Bolivia.
La lectura de esta realidad permite establecer un penoso discurso doble que el Ejecutivo maneja irresponsablemente. Por un lado, se había celebrado que el Gobierno haga los esfuerzos supremos para elaborar una propuesta a la demanda chuquisaqueña basada en el diálogo y el análisis de un plan de contingencia que entre otras cosas ofrecía el traslado de algunas oficinas gubernamentales a Sucre y el desarrollo regional a corto, mediano y largo plazo. Estaba por demás entendido que el gobierno del MAS no cedía en su postura de retroceder para que el tema de capitalidad plena vuelva al debate de la plenaria de la Asamblea, hoy paralizada.
Pero por otro, el Ejecutivo, en una suerte de paralelismo, quedó en evidencia y mostró su línea más dura al, primero, responder a la carta de renuncia del Prefecto de Chuquisaca con términos que no correspondían en el marco del sistema democrático y, segundo, negando la orden de desplazamiento de tropas militares y el refuerzo policial en Sucre como si, realmente, se estaría escondiendo la resolución a la crisis de la capital desde una salida violenta.
La actitud del Gobierno denota nerviosismo y permite establecer que las decisiones que está asumiendo son las equivocadas. Es hora, tras más de 19 días de conflicto, de recuperar la paz en Sucre y esto sólo se conseguirá si evoca al diálogo desde una postura transparente y no desde el doble filo.