Las declaraciones antiestadounidenses del ministro Quintana no deberían sorprendernos, en primer lugar responden a una visión relativamente sensata. No sólo un país, cualquier entidad, y por supuesto un individuo, sólo debe recibir la ayuda que solicita, o dicho de otra manera, debe estar de acuerdo con que le ayuden. Así, el pedir que la ayuda externa sea hecha en coordinación con el Gobierno, no parece ser nada estrafalario.
Por lo demás, estaba claro desde mucho antes de que el señor Evo Morales fuese una opción, que si éste llegaría al poder, las relaciones con los Estados Unidos quedarían seriamente dañadas, en parte por las torpezas de uno de los embajadores previos (Manuel Rocha, para no confundir) y en parte porque Morales es el antagonista local número uno de los Estados Unidos, precisamente en el tema que mayor importancia tuvo durante más de dos décadas entre Bolivia y el Imperio, vale decir el de la coca.
Nuestro actual Presidente fue y es el campeón de los campesinos que “inocentemente” plantan coca, la cual, sin su intervención por supuesto, es más, parece que solita nomás, llega a manos de los productores de pasta base. Paradójicamente, la honestidad de Evo Morales, su no involucramiento en negocios turbios y su liderazgo terminaron legitimando una actividad que es parte de la cadena de producción de esa droga.
Insisto, no hay de qué sorprenderse, la Bolivia de Evo Morales se lleva y se llevará mal con los EEUU, en parte por lo arriba mencionado, en parte por jugar al mono mayor con Chávez, y en parte porque dadas las nuevas condiciones, gracias a los altos precios de las materias primas y del gas, y al padrinazgo venezolano, el país puede darse el lujo de una autonomía que hasta antes de ayer era impensable.
Interesantemente, este nuevo tono es posible gracias a grandes medidas capitalistas, tanto a nivel local como a nivel mundial, sin la capitalización, aunque se rasguen todos los ponchos rojos de Omasuyos, no estaríamos con la posibilidad de exportar el gas como lo estamos haciendo y no habría nada parecido a un superávit, y sin el aumento de precios gracias al ingreso al sistema capitalista de la China y la India, tampoco se habrían podido cambiar los contratos gasíferos.
Ahora bien, aparte de que el grito de soberanía del ministro Quintana suena a escupitajo, lo cierto es que, si seguimos así, posiblemente en el futuro dejemos de ser explotados por los grandes capitales internacionales, y deje de haber inequidad en nuestra sociedad, lo único de malo de eso es que peor que ser explotado, es no ser explotado, y peor que la inequidad es que todos estén fregados, sino pregúntenselo a los países de la Europa oriental.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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