Era un indígena novel educado en la fe católica. No tenía habilidades para la escultura, pero gracias a su fe y esfuerzo pudo hacer la imagen morena. Cronistas e investigadores reconstruyen el perfil de Yupanqui, quien fue hasta Potosí para mejorar su estilo y cultivar su espíritu.
Nacido en el seno de una familia indígena, convertida al catolicismo, Francisco Tito Yupanqui consagró su vida a la devoción de la Virgen de Copacabana, imagen que fue esculpida por sus manos en madera maguey y por la que la Iglesia Católica y devotos de la santa demandan la beatificación del escultor aymara.
Tres milagros marcan el azaroso camino que emprendió, a sus 40 años, el escultor indígena. El primero se refiere a la aparición de la imagen en sus sueños, el segundo es cuando su obra, ya concluida, se ilumina, y el último se refiere al momento en que de la escultura se borra la imperfección, sin que medie la mano humana.
Aunque no existen datos específicos de su infancia, varios fueron los historiadores que trataron de retratar su vida y establecen que nació en 1540 en la región denominada, en ese entonces, como Khota Kawana (Mirador del Lago), que era considerado como el eje central para la evangelización. Por ello, en el lugar se estableció primero la Orden de Santo Domingo, le siguió la de San Agustín, posteriormente la de San Francisco y Jesuitas.
El investigador Alonso Ramos Gavilán describe a Yupanqui como descendiente de Cristóbal Vaca Túpac, inca cuyo escudo familiar tenía el lema “Ave María”. Bajo esa influencia genealógica es que creció el inca y admirando obras religiosas como la imagen de la Virgen de la Merced.
El párroco del Santuario de Copacabana, René Vargas, cuenta que en ese entonces la población se encontró dividida en dos posiciones: los Urinsayas, que apoyaban que el patrono sea San Sebastián, y los Aransayas, que pretendían entronizar a la Virgen de la Candelaria.
“Cuenta la leyenda que una noche, una mujer, que cargaba entre sus brazos a un niño de meses, apareció en el cuarto del indígena, así él supo que estaba destinado a hacer la imagen”, relató el sacerdote, guardián de la Virgen en Copacabana.
Según textos del cronista chuquisaqueño fray Antonio de la Calancha, el rostro de la Virgen aparecida en sueños de Yupanqui se clavó en su mente y a partir de entonces comenzó con una variedad de ensayos hasta crear una figura en arcilla.
De la Calancha cuenta que el artista modeló primero “un tosco y feo y perfeccionado bulto de barro, que consiguió colocar en el altar de la iglesia, pero pronto fue retirado, porque era más para dar risa que para causar devoción”.
La revista La Voz del Santuario de Copacabana cita que “el padre Antonio de Almeida, párroco de Copacabana, la hizo colocar en el altar junto a figuras europeas, pero al poco tiempo hubo cambio de sacerdote y el padre Antonio Montoro ordenó guardarla en la sacristía”.
El padre Vargas cuenta que Yupanqui, avergonzado por el desprecio, se llevó a su estatua y, aconsejado por los frailes agustinos, decidió viajar a Potosí para aprender técnicas de escultura.
“La población había decidido que fuera un originario del lugar el que hiciera la imagen, y él se propuso esa misión”, aseveró.
El escultor viajó a Potosí a pie y llegó al estudio del artista Diego Ortiz, que le dio pautas para mejorar su trabajo de escultura.
El padre de la Orden Franciscana, Carmelo Galdós, recuerda que Yupanqui se hizo artista en base a su fe, puesto que la gente de la región lo entallaba como un indio muy torpe. “Encargó varias misas rogando a la Virgen que le diera el talento para replicar su figura”.
En Potosí visitó el templo de Santo Domingo y encontró un modelo para su obra, la imagen de la Virgen de la Candelaria. “Ya con las facciones más ciertas, Yupanqui inició, junto a su hermano León, el tallado de la santa en madera maguey y con revestimiento de tela y estuco”.
Ramos Gavilán, en su libro El Relato de Francisco Tito Yupanqui, explica que cuando el hombre creyó terminar su obra se la mostró a su maestro Ortiz, que al ver su hermosura le aconsejó llevarla al Arzobispado de La Plata para pedir autorización obispal y entronizar la imagen.
“El escultor llegó a pie a Charcas, con la santa entre telas. Al presentar la obra al Obispo y su séquito, éstos la menospreciaron”, cita el texto. Luego Galdós relata que, tras varias pruebas, la imagen fue aprobada y viajó a La Paz para mejorarla, pero en Ayo Ayo el Corregidor “lo expulsó, dando un puntapié al bulto con la Virgen, pensando que era un cadáver, éste se iluminó y la autoridad vio los rasgos perfectos de la imagen e inmediatamente cayó de rodillas para disculparse del sacrilegio cometido”.
En la ciudad, Yupanqui se empleó como ayudante de un pintor que hacía revestimientos con pan de oro en la iglesia de San Francisco y trabajó con él con la condición de que policromara su obra. Con la santa terminada, el escultor retornó a su pueblo.
El párroco de Copacabana señaló que, a su llegada, los pobladores de la región lo esperaron y, admirados por la belleza de la imagen, la entronizaron en una misa, en el altar mayor de la iglesia, el 2 de febrero de 1583, como la Virgen de la Candelaria. “Sin embargo, la figura tenía una notoria falla, el niño parecía ocultar su rostro”.
El autor, al sentirse incapaz de remediar el error, recurrió a la santa para que le ayude a reparar este detalle. “Su oración fue escuchada y milagrosamente el niño se acomodó reclinado sobre el brazo de la madre, sin impedir la visión de ésta. Ese fue el tercer milagro de perfección de la imagen”, señaló Vargas.
Aproximadamente a sus 100 años, Yupanqui falleció en la Orden de San Agustín, en Cusco.
SU BEATIFICACIÓN
El proceso • El párroco de Copacabana informó que los trámites se encuentran desde hace años en el Vaticano, pero no avanzaron lo suficiente.
La iglesia • Monseñor Jesús Juárez, vicepresidente de la Conferencia Episcopal Boliviana, ha revitalizado el proyecto desde el 9 de febrero del 2007.
Intermediarios • Se conformó una comisión histórica para desempolvar la vida de Tito Yupanqui y demostrar los motivos de la postulación a beatificación.
En Copacabana • El párroco del Santuario de la Virgen de la Candelaria, René Vargas, informó que se habilitó un libro para recaudar firmas de los devotos.
Los logros • Ya son 1.500 firmas obtenidas y se espera que la cifra se incremente con los días, además se quiere internacionalizar la historia de su vida.