El pintor Édgar Arandia se quita la venda de los ojos Una planta con poderes alucinógenos inspira al pintor a sondear en distintos planos de la realidad. El artista habla también de su paso por el Gobierno.
El chamico, como el retablo, esconde pero muestra. El primero es una planta que crece en los valles y que se usa —o usaba— para curar el reumatismo y también para crear estados de mucha sensibilidad, explica el pintor y antropólogo Édgar Arandia. Cuando se utiliza la semilla, “se enceguece momentáneamente pero se ve el interior”.
Un retablo tiene dos momentos de mirada. “Cerrado, estimula la curiosidad y de manera inevitable se quiere ver lo que hay dentro”. Los conquistadores “lo trajeron en el siglo XVI para transportar a sus santos y los indígenas se lo apropiaron y hoy lo usan como una forma de escritura para contar la historia de su comunidad o su familia”.
Arandia dice haber probado el chamico. Lo que ha podido ver lo ha plasmado en un juego de retablos que descubren lo de artesano que tiene este artista. Casas que vuelan, tal cual parece que pasa entre los cerros de La Paz, están pintadas o adheridas. La urbe que Arandia ha pintado en muchos de sus aspectos mestizos, contrastantes, está así, una vez más, a la vista del espectador. Sólo que ahora hay hasta cuatro planos para leerla.
Pero hay más que develar. El amor de pareja se presenta como una caja de bombones que dentro guarda afilada punta y dos refugios que podrían ser uno. El imaginario popular se traduce en vírgenes que aparecen súbitamente en medio de la selva. La muerte, festiva, vivaz, propina un puntapié a un perro malagüero. Unos indígenas —Wilka Zárate entre ellos— esperan en las puertas de lo que, traspasado ese límite, es el Palacio de Gobierno del siglo XIX, con símbolos de la guerra federal. ¿Pasado? Véase lo que pasa hoy en el país, pide el pintor de los ojos cerrados.
El trazo de pintor se mimetiza entre lo que parecen juguetes, arte naif y hasta alasitero. Y ciertamente que muchos de los elementos de los retablos provienen de la feria de la miniatura. Difícil imaginar a quien se define como “viejo político de izquierda” pegando juguetitos. “El arte es fruto del arte popular. A éste quiero volver; mirar atrás para mirar adelante”, es la explicación.
Por eso, ya en los óleos que son parte de la muestra inaugurada el martes, hay uno que Arandia pintó con colores elaborados por sus manos, de manera natural. Por eso, antiguos tejidos peruanos le han dictado un cuadro sobre el mono venido del mundo de arriba y del que Arandia cree que descendemos; por eso, en un mismo plano vuelan colibríes, algunos patas arriba, como un llamado a volver a la armonía con el universo, el mundo de arriba, el de abajo y el de los mortales.
Inevitable, en este punto del recorrido, hablar de temas “mortales”, como el del paso trunco de Arandia por el Viceministerio de Desarrollo de las Culturas. “Cumplí el sueño de ver un Presidente indígena y ser parte de la primera etapa de construcción del Gobierno; pero me doy cuenta de que no es fácil”. ¿Por qué? “Demasiados intereses y yo no tenía apoyo político que, no debería, pero resulta indispensable dada la etapa compleja de cambios y resistencias”. ¿De quiénes? “Mis mismos colegas fueron los que primero me atacaron y luego la gente con mucho poder que no aceptó el que yo se lo quitara”.
El paso por la gestión pública parece haber actuado como el chamico en el cerebro del artista-político. “Fue imposible lograr que el Gobierno (de Evo Morales) escuche siquiera sobre la importancia de hacer de la cultura parte del desarrollo humano integral”. Así que ahora está claro, “ni los gobiernos de derecha ni los de izquierda tienen interés en este tema” que, en la propuesta del ex viceministro, iba a traducirse en una revolución desde el ámbito educativo. “Me cansé de escribir, de hablar, no tuve eco. Unos y otros siguen pensando que la cultura sólo es el arte encerrado en las galerías, en las salas de concierto, en cuatro escritores que se leen entre ellos”. El pensamiento “prospectivo no existe”, ver a la cultura como factor del desarrollo “no es parte de ninguna de estas ideologías”.
La primera muestra, ya como ex autoridad, es ésta que se puede visitar en el Espacio Patiño de la zona de Sopocachi.