“...No es que escribes palabras que terminen en ‘ito’ y punto, no son infantilismos”
La autora paceña llegó de Perú, donde presentó sus dos recientes obras infantiles. Hoy expresa su gracia educando a los niños.
Entrevista: Nicole Bisbal Fotografía: Miguel Carrasco
“Todas las noches tenemos un ritual en el que todos leemos, incluida yo. Creo que eso es invalorable; en este sentido, que es muy mágico, hemos creado un mundo alrededor de esto”, dice con alegría Verónica Linares. La escritora señala que es con sus hijos con quienes pasa esos inolvidables momentos antes de dormir.
La autora de Zacarías y Clemencia, La vaca que quería ser blanca, ha sabido manifestar el carisma e imaginación que puede tener una autora boliviana en Lima, Perú, presentando sus dos últimas obras que le trajeron éxitos y resonaron en la pasada Feria Internacional del Libro.
Sencilla y dispuesta a dar lo mejor de sí, Verónica entrega en sus escritos, llenos de quimeras y humor, las aventuras de divertidos personajes que responden a la inspiración que le es otorgada por sus alumnos e hijos.
Su primera publicación, bajo el sello de Santillana, fue el año 2000, desde entonces ha trabajado contando cuentos y componiendo lecturas para niños.
¿Rememora su niñez al contar un cuento? Sí, totalmente. Cuando escribo hay vivencias, recuerdos, vacaciones y libros que me vienen a la cabeza.
¿Qué es lo que le inspira a hacer volar su imaginación cuando se trata de escribir? Justamente estas vivencias que de alguna forma me han debido marcar mucho. Conocer a muchos niños, tanto como maestra y como mamá, ellos hacen volar muchísimo mi imaginación.
Tiene cuatro hijos, ¿han sido sus travesuras, sus juegos o su vida misma los que la movieron a hacer sus obras? Muchas veces son sus comentarios, las palabras que utilizan. Siempre hay algún personaje que tiene algo, o de algún alumno también.
¿Qué ha sido lo mejor a lo largo de su carrera? Como escritora, yo creo que lo mejor es la relación que he establecido con mis hijos, porque ellos son partícipes de mi escritura, es muy rico que ellos me vayan leyendo. Termino algo, les leo a ellos y al tiro veo en sus caritas si les gusta o no.
Ellos también son cómplices en esto y son excelentes lectores. Todas las noches tenemos un ritual en el que todos leemos, incluida yo. Creo que eso es invalorable; en este sentido, que es muy mágico, hemos creado un mundo alrededor de esto.
¿Cree que su obra es reconocida en Bolivia? Tal vez poquito a poquito. Este año he tenido la suerte de publicar dos libros al mismo tiempo, entonces ha hecho que se mueva, que suene un poquito más. Tengo a mis seguidores desde mis inicios, es a quienes les estoy muy agradecida. Pero tengo mayor acogida en Perú, porque he llegado a muchos colegios con mis obras.
¿Qué cuento o novela infantil la hace soñar? Corazón de Edmundo de Ámicis. Luego está Las Aventuras de Tom Sawyer y Mujercitas, ya un poquito más grande, son las que más me han marcado.
¿Cuáles son los mejores escritores que la han acompañado? Hay muy buenos autores nacionales y extranjeros. Extranjeros que me hayan inspirado mucho, María Elena Walsh que es argentina; me gusta mucho Antony Brown, que tiene una serie de libros que incluyen a gorilas y monos, y critica a la sociedad. Maurice Sendak, que tiene un clásico para niños llamado En donde viven los monstruos. Nacionales están Isabel Mesa, Manuel Vargas y Gigia Talarico.
Cuando crea a sus personajes, ¿son sólo efectos de su imaginación o hay algo que la influye? Obviamente hago volar mi imaginación, pero influyen muchas cosas, de hecho en la primera parte de Zacarías, le cuenta a un amiguito que ha cazado un cocodrilo en el lago; esa idea la tomé de mi hija, que me dijo: ´Mami te cuento que en el colegio hay un chiquito que tiene un cocodrilo en su casa´, pero absolutamente segura de lo que me estaba diciendo, me encantó su seriedad, ella había creído la historia. Al mismo tiempo, voy pensando en cosas que me gustan, que están al alcance de los niños y no. En Zacarías incluyo a unos girasoles cantores de ópera, cantan Carmen. No estoy segura si los niños la hayan escuchado, pero es abrirles una puertita.
¿Es difícil escribir para niños? La verdad es la única escritura que yo conozco, nunca he escrito para adultos. Es exigente, o sea no es que escribes palabras que terminen en “ito” y punto, no son infantilismos. Es una búsqueda, es exigente. Creo que escribir para adultos, por lo menos para mí, es muchísimo más difícil.
¿Tiene algún lugar preferido para escribir? Mi cama (ríe). Es el único momento en el que puedo sentarme a escribir. Por algún motivo tengo que pasar primero por la manuscrita, me imagino que poco a poco tengo que ir acostumbrándome a ir directamente a la computadora, hasta que eso suceda, no sé…
Para usted, qué es más complicado ¿ser madre o escritora de cuentos infantiles? ¡Uy! ser mamá es complicado definitivamente, el problema es que mi trabajo de mamá me absorbe tanto, tanto que dejo de lado mi trabajo de escritora. Nunca he dejado de ser madre, es mi prioridad siempre.
En un mundo perfecto, ¿qué cualidades debe tener un niño para crecer con equilibrio? No existe el mundo perfecto, creo que si existiera el mundo perfecto, la belleza desaparece.
El niño en su casa tiene que tener mucha estabilidad emocional, mucho cariño, muchas normas, que eso es lo que crea hábitos, vivencias de las que se enriquezca y mucho amor.
¿Se considera alguien que vive acompañada del humor? Me gusta mucho el humor, personalmente no tengo esa habilidad. Cuando escribo trato de tener eso, pero me encanta el humor en general. La imaginación sale cuando estoy con los niños, cuando les leo cuentos. Siempre he sido bien imaginativa, cuando era chica inventaba cuentos a mis hermanos y primos, siempre era la que contaba.
¿Cómo es la vida diaria de una profesora y escritora como usted? Mi vida diaria se ve influenciada por mi trabajo de medio tiempo y por mis hijos. Me absorben todo el día, todavía no son cien por ciento independientes y me necesitan para todo. Mi vida es un ir y venir que no te digo nada... Y ojalá pudiera tener un poquito de paz para escribir. Estoy teniendo paciencia, sé que son años de crecimiento de mis hijos, pero hago lo que puedo.
¿Por qué cree que se hizo más conocida, por la cobertura mediática y el impacto en Perú o por los medios nacionales? La editorial peruana que publicó el penúltimo y el último libro se ha movido para que me conozcan. Aquí (Bolivia) lo que pasa es que con Los guantes de Agustina (su primer libro), que se publicó hace tiempo, fue para ver qué pasaría. Y ahora he sacado con Gente Común y en la Feria Internacional del Libro he tenido mucha acogida.
En cuanto a su arreglo personal, ¿qué es lo que prefiere? Accesorios y ropa.
¿Cuál es el mejor consejo que daría a sus seguidores? Fortalecer la literatura infantil, que se conozcan a los autores bolivianos. Fomentar la literatura, porque su importancia es trascendente. Los primeros años son los que determinan si una persona va a ser lectora o no va a ser lectora. La lectura te abre un mundo que no te va a abrir nadie ni nada, crea una pasión que siempre te va a acompañar.
¿Algún plan de escritura en un futuro no muy lejano? Hay que escribir permanentemente. Es práctica, como todo. Trato de permanecer escribiendo. Tengo un libro que ya está listo. mía
La lectura te abre un mundo que no te va a abrir nadie ni nada, crea una pasión...
El perfil Verónica Linares Peroú de Trigo nació en la ciudad de La Paz, es escritora de cuentos infantiles y profesora de nivel inicial. Estudió la carrera de Educación en la Universidad Católica de Chile y posteriormente en la Universidad de la Sabana en Colombia. Su tiempo lo reparte entre sus dos profesiones y ser madre de cuatro hijos.
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