Doce horas de resistencia civil de universitarios, apoyados por personas mayores, acabaron por doblarle el brazo al MAS, que a las 7.00 de ayer decidió suspender la plenaria convocada para dos horas más tarde. La noticia fue celebrada con un paro cívico de facto y movilizaciones, en una cadena humana de gente que, hoy por hoy, reconoce esta unidad en torno a una causa como algo nunca visto en este pueblo.
Desde el primer enfrentamiento con la Policía, producido a las 19.30 del miércoles, centenares de estudiantes de la Universidad San Francisco Xavier instalaron barricadas en las calles aledañas al teatro Gran Mariscal y allí se parapetaron para evitar que el MAS instale la sesión cuya agenda prescindía del tema de la capitalidad plena.
En la noche, dos radioemisoras sirvieron de compañía a los insomnes que, nerviosos por el permanente detonar de dinamitas y gases lacrimógenos, siguieron el relato periodístico de los incidentes. Así también la población se enteró de la vigilia de madrugada y auxilió a los estudiantes con coca, dulces y gomas para el fuego en sus trincheras, pero sobre todo con paños, vinagre y bicarbonato de sodio para sobrellevar los gases.
Los chuquisaqueños sólo pudieron dormitar: si no era por el fragor de la lucha, que se escuchaba a varias cuadras a la redonda del teatro, eran las marchas improvisadas, los bocinazos o las campanas de las iglesias, que no cesaron de convocar a una vigilia por el respeto a la democracia y la legalidad.
A las 7.40, el presidente del Comité Interinstitucional por la Capitalidad Plena, Jaime Barrón, anunció en el teatro que la plenaria había sido suspendida, y, cuando el humo de los últimos gases todavía asfixiaba la garganta de todos, se desató la celebración. Mientras el portavoz del Gobierno, Álex Contreras, desde La Paz, intentaba minimizar los acontecimientos, primero, denunciando la infiltración de la Unión Juvenil Cruceñista y más tarde, que la cifra de heridos había sido inflada, en Sucre las mujeres lloraron abrazando a los estudiantes.
Barrón pidió continuar con la vigilia, "para asegurarnos que no habrá ninguna sesión que elimine nuestro tema". Y la multitud le hizo caso, y permaneció en el lugar.
Hasta el mediodía, las instituciones y organizaciones civiles dieron vueltas al Gran Mariscal con cánticos alusivos a la demanda de capitalidad plena y en contra del Gobierno. La movilización no distinguió en estratos sociales.
Por la tarde ocurrió algo similar, con la diferencia de que se había anunciado una marcha del Comité Interinstitucional. "Ya ni siquiera es necesario convocarles: un anuncio en la radio y ya todos nos reunimos. Esto que sucede acá, que sucede no solamente en nuestro departamento sino ya en ocho departamentos, tiene que fijarse el Gobierno (...) Tiene que hacer respetar la democracia y la ley para todos los bolivianos, y no sólo para un departamento", enfatizó Barrón en su discurso ante los manifestantes.
La violenta jornada, que retrotrajo a la capital a los escenarios de la revolución (pocos dejaron de reconocer la valentía de los universitarios; las autoridades destacaron su papel y algunas inclusive lo compararon con las gestas de 1809 y 1949), cesó con el repliegue policial ordenado desde el Ministerio de Gobierno alrededor de las 7.30, según confirmó el comandante de la Policía, coronel Pablo Caballero.
Con el asfalto aún respirando el humo de las llantas quemadas en cada esquina del centro y 65 afectados por los gases y al menos 20 por los balines de goma, algunos curándose en pleno campo de batalla, Sucre quiso descansar. Era justo cuando el sol despuntaba en el cielo; más tarde, la primera lluvia de septiembre no cambiaría el panorama de los últimos 23 días: una nueva jornada de movilizaciones se abría paso en la otrora pacífica ciudad blanca...
Un constituyente cruceño, azorado por las marchas y contagiado de la típica picardía local, comentó ayer: "Sucre aprendió a hacer marchas, ya puede ser la sede de los poderes". Redacción Sucre