Nunca dejó de ser noticia el comportamiento de la inflación en el país. Siempre, a principios de cada mes, los medios de prensa informan lo acaecido con el Indice de Precios al Consumidor (IPC) correspondiente al mes inmediatamente anterior, y que publica el Instituto Nacional de Estadística. Y esto es así porque siempre en Bolivia ha existido este mal. Sin embargo, el gran logro de los últimos ocho años es que la inflación se ubicó en un nivel que se lo puede considerar bajo para los estándares latinoamericanos. La tasa promedia anual de este periodo fue del 3.5 por ciento.
Pero la inflación lenta y persistentemente se ha venido acelerando a partir del año 2003 para volver a tomar un nuevo impulso durante este año. Es así que la inflación a doce meses, al mes de agosto de este año, se ha ubicado en el 10.3 por ciento, nuevamente una tasa de dos dígitos. Esta situación no se había dado desde el mes de octubre del año 1996 cuando la tasa anual, a esa fecha, se situó en el 11.1 por ciento.
La presencia crónica de la inflación en Bolivia, con momentos muy agudos, que incluso se tradujo en la conocida hiperinflación de los años 80 del siglo recién pasado, es consecuencia también de un crónico desequilibrio. En Bolivia siempre la demanda de bienes y servicios se coloca muy por encima de la capacidad productiva y de importaciones que tiene el país.
El merito que se tuvo en los últimos veinte años es que los gobiernos lograron administrar ese desequilibrio, sin que se descontrole, con una relativa disciplina fiscal y monetaria, que descansó en el continuo endeudamiento público que permitía al país importar y, de este modo, aumentar la oferta de bienes. De esta manera, la demanda interna, siempre creciente, se amortiguaba con importaciones también crecientes y financiadas con endeudamiento.
Un indicador de que la demanda interna se viene expandiendo es el aumento continuado de la cantidad de dinero en circulación, en cualquier economía. Y este dinero puede ser en moneda nacional o en moneda extranjera. Hay varios indicadores monetarios al respecto. Uno de ellos -muy importante- es la emisión de dinero que realiza cualquier banco central. En el caso nuestro, observamos que ya desde el año 2004, la emisión empezó a crecer a un ritmo promedio anual del 20 por ciento hasta llegar a una clara excesiva tasa anual del 60 por ciento, que se registró en el mes de julio del año 2006. Hoy, el ritmo está por el orden del 48 por ciento, también anual.
Está exuberante presencia de dinero, que se ha dado en Bolivia en los últimos años, explica la expansión de la demanda interna de bienes y servicios también a un ritmo por encima al que puede acceder la oferta, engendrando, con este comportamiento, mayores presiones inflacionarias de las que normalmente Bolivia enfrenta. Esto explica el retorno a una tasa de inflación de dos dígitos.
El Presidente Morales, al momento de hacerse cargo del gobierno, no se percató de que las presiones inflacionarias iban en aumento. Si bien durante su primer año de gobierno hizo un manejo fiscal siguiendo el comportamiento de los últimos años, el diagnóstico señalado requería, de principio, aplicar el freno al gasto fiscal, lo que no se hizo. Y esto fue así por los extraordinarios ingresos provenientes de la exportación de gas, con los que de pronto se vio beneficiado el gobierno. Para el colmo, siguiendo su programa de gobierno, que alienta la presencia estatal en la economía, le ha puesto acelerador al gasto público -demanda pública- durante estos transcurridos ocho meses de este año. El gasto total del sector público se ha incrementado en un 47 por ciento para el primer semestre de este año en comparación con igual periodo del año 2006. Y el gasto de capital lo ha hecho en un desmesurado 70 por ciento, gasto que representa un treinta por ciento del gasto total.
Y este escenario se ve agravado cuando nos anoticiamos de que la producción para el primer trimestre se ha desacelerado La producción estaba creciendo a un ritmo del 4.6 por ciento y ahora es sólo del 2 por ciento. Sobre mojado llovido.
Armando Méndez fue presidente del Banco Central de Bolivia.