Chullpares y templos precolombinos invitan al mayor hallazgo tiwanakota de los últimos años.
Texto y fotos: Liliana Carrillo Valenzuela
Lo de “tragarse sapos” no fue tan raro para los antiguos habitantes de la isla Pariti, famosa desde hace tres años por el hallazgo de sus tesoros cerámicos precolombinos. De acuerdo al arqueólogo Eduardo Pareja Siñani, “entre el 900 y el 1.200 después de Cristo, la isla Pariti estaba habitada por artistas y genios que sabían cómo extraer de los sapos la bufutomina, un poderoso alcaloide y alucinógeno”.
Así explica el experto de la Unidad Nacional de Arqueología (Unar) el excepcional estilo y acabado de la colección de 68 piezas, que fue hallada el 11 de agosto del 2004 por el proyecto boliviano-finlandés Chachapuma en la isla Pariti, que ahora se abre con una nueva ruta turística y suma atractivos.
Viaje a la historia 82 kilómetros separan a La Paz de la isla Pariti, ubicada en la porción menor del lago Titicaca. Una vía lacustre tradicional para su acceso parte de Huatajata. Por tierra, el circuito se inicia en Puerto Pérez. A apenas un kilómetro de esta población lacustre, donde termina el asfalto y el lago brilla en azul, se encuentra la región de Cumaná, que esconde a Yayes, un sitio arqueológico aún por descubrirse.
“Suponemos que es un templo chiripa, que data de unos 900 años antes de Cristo”, explica el arqueólogo Pareja parado sobre un promontorio de tierra de unos 100 metros cuadrados. Si se aguza la vista y la imaginación, se pueden reconstruir gradas y pilares de piedra labrada que el tiempo se encargó de esconder. Cerca, a unos 300 metros, se yergue, imponente, el puente de Yayes, una monumental construcción precolombina que continúa en pleno uso.
El camino conduce a las poblaciones de Tirasca, Patapatani e Isla Quewaya. Las tres tienen pequeños museos, las tres compiten por sus paisajes y las tres esperan con amabilidad, aunque sin todos los servicios, a todos los visitantes.
La ruta de los chullpares Isla Quewaya tiene 500 habitantes, una plaza, un museo, un colegio secundario y mucho lago. Su centinela, el cerro Quewaya, invita a seguir en una ruta dócil que llega a los 3.200 metros. Desde la cima se divisa el camino precolombino que conduce a uno de los mayores conjuntos de chullpares del país.
Son al menos medio centenar de construcciones mortuorias circulares las que llenan el paisaje de Kanun Amaya. “Su origen puede ser Huari y algunos presentan pisos y hasta subsuelo, de acuerdo a la nobleza del difunto”, comenta Pareja. El enorme cementerio, que ha sido víctima de saqueos (jukeos) desde la Colonia, termina en una cima que muestra, pleno, al Titicaca. Abajo, multicolores botes esperan para iniciar un viaje, a remo, de quince minutos por aguas claras.
Un templo de adobe, con campanarios enrejados, recibe a los visitantes. Pariti, la isla fértil en cosechas y ávida en ganado, invita a descubrir su tesoro mayor.
El hallazgo histórico Aquella mañana del 11 de agosto del 2004, el arqueólogo boliviano Jedú Sagárnaga y el finlandés Antii Korpisaari no sospecharon que el pequeño bolsón de cerámica que encontraron en excavaciones en plena plaza de Pariti sería el principio de una colección única de obras precolombinas.
Según escarbaban, aparecían k\'erus, vasijas y estatuas con representaciones de seres mitológicos: serpientes con cabeza de felinos e ídolos como el Señor de los patos. “Este hallazgo no sólo nos aproxima hacia la técnica y estética de Tiwanaku; también echa luces sobre su ritualidad, su ornato, su boato, sus usos y costumbres, sin perder de vista que este hallazgo no es el reflejo de la sociedad tiwanakota en su conjunto, sino de una élite obviamente poseedora de mayores riquezas que el grueso de la población e incluso con prácticas diferenciadas de las de las masas”, afirma Sagárnaga. Su explicación del fenómeno difiere de la de Pareja: “La isla pudo ser un lugar sagrado que congregaba a la élite de Tiwanaku, entre el 900 y 1.500 después de Cristo para realizar ofrendas, de allí la fina cerámica hallada”.
“El pueblo es el custodio de la cerámica pero necesita apoyo”, opina el arqueólogo. Él fue el impulsor del museo de Pariti y ahora coordina con el PNUD y otros organismos la construcción de un albergue y una cafetería en la isla.
Todos los días, Hilda Limachi Huanca (15), como 12 de sus vecinos de la isla Pariti, toma el barco escolar y trepa el cerro para llegar a la Quewaya. Allí cursa el primero de secundaria y, por las tardes, trabaja como guía del museo de la población. “Un día voy a ser guía de turismo en el museo de la isla Pariti. Va a venir harta gente a ver la riqueza de mi pueblo, todos nos van a conocer”, dice con voz predestinada.