Hace por lo menos tres años que dijimos que la Asamblea Constituyente no tenía sentido y que nos llevaría a un enfrentamiento seguro. Todavía no se hablaba de sede, ni se sabía que el MAS iba a ser mayoría absoluta, así que nuestro pesimismo no era por lo que el MAS pudiera hacer, sino, simplemente, porque estaba a la vista que los asambleístas no iban a dar la talla como para redactar una nueva Carta Magna, con la pretensión de crear una nueva República. Dijimos e insistimos que era malo mezclar en una misma jaula a loros con canarios.
Y siempre nos hemos venido preguntando ¿por qué no se reforma a fondo la Constitución de 1967? ¿Acaso ya no ha sido reformada positivamente? ¿Por qué a una buena Constitución, elaborada por lo mejor de la intelectualidad boliviana de ese entonces, no se le hacen los ajustes necesarios? A esta Constitución moderna, con una base sólida de interpretación de lo que es el país, se le podrían incluir algunos temas que tienen que ver con la participación social, las autonomías, y otras materias de interés. Aun la capitalidad podría discutirse sobre un documento bien elaborado.
Pero no. Los bolivianos queremos poner a la patria de cabeza. Hay asuntos que el oficialismo quiere aprobar y que sería muy difícil de agregar a una Constitución moderna, hecha por legisladores, y no por pastores y cocaleros. El MAS, con su mayoría, no quiere perder la oportunidad de hacer una Bolivia a su imagen y semejanza y por tanto desea una Constitución indígena, aymara, sin querer entender que en el país la mayoría es mestiza y que ya se está cabreando de disfraces, aptapis y milluchadas.
El MAS quiere una Carta Magna en la que se establezca la reelección indefinida de Evo Morales y para que eso suceda quiere empezar de cero y en cero se ha quedado hasta ahora. Después de un año y medio de gobierno del MAS, la gente lo que quiere es que de una buena vez se cumplan los cinco que señala la Constitución y que el MAS se vaya con la banda a otra parte. Está a la vista que son ineptos y que no saben qué hacer con el poder en las manos. Con Evo Morales encumbrado en el poder indefinidamente, se acabaría el país. Porque, aunque él crea que lo está haciendo muy bien, la verdad es que no hay nada rescatable en este Gobierno que no sean sus anuncios mentirosos, que no se cumplen.
Y todavía los políticos le dan cuatro meses más de vida a la Constituyente, cuando, ni con un año ni dos se van a poner de acuerdo. Lo que se trata es demasiado serio para dejarlo en manos de los asambleístas. Júntense, relean la Constitución vigente, y verán que aparecerán coincidencias, pero, claro, no encontrarán ni un párrafo que permita la reelección indefinida de nadie a la presidencia. Esta es la Asamblea de la discordia, que nos va a traer muchos pesares.
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
¿Tendré país?
Así me despierto todas las mañanas. Abro mis ojos y las preguntas desde hace algún tiempo aparecen mecánicamente: ¿Tendré país? ¿Qué habrá pasado anoche?
Capitalidad
El conflicto sobre la sede de los poderes está poniendo en vilo al país y a la Asamblea Constituyente al borde del fracaso. Plantear esta controversia como derechos adquiridos de La Paz o Chuquisaca es un enfoque equivocado que únicamente contribuye
“Delitos” del Tribunal Constitucional
...sería muy lamentable para los bolivianos necesitar al Tribunal Constitucional y no tenerlo o contar con él pero viciado de ilegitimidad...
Propuestas que acompañan a las críticas
Las críticas llueven al Gobierno y a la voraz oposición que trata de comerse el futuro de Bolivia. ¿Propuestas?, muy pocas. Como docente universitario, trato de infundir en mis estudiantes la práctica de acompañar cada crítica de una propuesta de solución.