Las críticas llueven al Gobierno y a la voraz oposición que trata de comerse el futuro de Bolivia. ¿Propuestas?, muy pocas. Como docente universitario, trato de infundir en mis estudiantes la práctica de acompañar cada crítica de una propuesta de solución. Siendo el que doy el consejo, trato también de dar el ejemplo.
En mi criterio, la Constituyente en su forma actual no tiene futuro, lo que implica un gran desgaste político para el Gobierno poniendo en peligro la gobernabilidad. Estos días es el problema de la capitalidad que nos tiene paralizados, mañana será el de la autonomía, posteriormente, el de la reelección, seguirá el del territorio y muchos más. Terminará mal en su forma actual. ¿Qué hacer?, una solución posible será la de dar a la Constituyente una nueva forma, aquella que siempre debió tener desde sus inicios: bajarla al nivel de las bases, en una metodología similar a la que se adoptó con el Diálogo Nacional II.
Seguir con el conflicto entre el Gobierno central y las regiones es muy peligroso para toda Bolivia. ¿Qué hacer? La línea orientadora debe ser la búsqueda del desarrollo económico y el crecimiento del empleo en todo el país. ¿Cómo? Sugiero la conformación de un Consejo Nacional de Planificación, a la cabeza del cual se encontrará el Ministro de Planificación y lo conformarán los prefectos de los nueve departamentos del país. Hablar de desarrollo amortiguará el conflicto político y todos saldremos ganando.
En la actual Constitución Política del Estado está definido que la capital de Bolivia es Sucre, ¿por qué no mantener esta definición? Por supuesto que el traslado de las oficinas públicas requerirá de recursos económicos importantes, la ausencia de los cuales o su destino a otros dominios prioritarios postergarán esta operación por un largo periodo de tiempo.
La gestión pública muestra enormes debilidades. La solución no es pedir a los ministros un plan de trabajo con resultados mes por mes (como se decidió en la última reunión de evaluación ministerial), pues los ministerios son órganos normativos, no ejecutivos, según el orden neoliberal vigente que no ha cambiado un ápice. ¿Soluciones? Es hora de cambiar el orden neoliberal heredado de Sánchez de Lozada. Debe darse particular énfasis a la creación de instituciones que constituyan los brazos ejecutivos de los ministerios, como, por ejemplo, institutos de transferencia de tecnología para el campo y la manufactura, entidades orientadas a ejecutar la inversión pública, etc. Pero, de todas maneras, sería bueno pensar en mejorar el gabinete ministerial reuniendo gente con capacidad técnica y política, que inspire confianza a la población por su trayectoria profesional y honestidad y que sea capaz de dialogar con todos los estratos socio-económicos y con todas las regiones del país. Se requiere también mejorar la administración de YPFB, Comibol, Banco Central y otras entidades descentralizadas.
Para superar el desempleo, no se trata de resucitar el Plane, es decir, de intentar dar trabajo mal pagado y violatorio de normas universalmente aceptadas para la protección de los trabajadores. Se trata de dar empleo sostenible. Emerge la pregunta: ¿Bolivia ha nacionalizado los hidrocarburos para guardar los ingresos que genera en el Banco Central o en un “fondo de estabilización” como con alguna ingenuidad sugieren algunas autoridades del área económica del Gobierno? ¿No deberíamos utilizar esos recursos para impulsar el desarrollo y generar empleo? ¿Cómo? La respuesta va en el sentido de generar alianzas entre el sector público y privado para impulsar el desarrollo.
La inflación debe preocupar pero no al punto de inhibir la inversión pública y hacer perder la oportunidad actual de desarrollo de Bolivia. La oposición y la prensa, por su parte, deberían mostrar mayor responsabilidad, pues, el escándalo que arman, con algo que no merece la importancia que le dan, puede terminar echando leña al fuego con el respectivo perjuicio para la economía del país.
¿Hay más sugerencias?, sí, muchas más, provenientes de los sectores más diversos de Bolivia. El Gobierno debe abrirse a escucharlas, pues la mayor parte de los bolivianos apoyan el cambio.
*Rolando Morales A. es economista.
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