El cáncer de cuello uterino es un serio problema de salud pública a nivel mundial. Su factor causante en el 95% de los casos es un virus de transmisión sexual y altamente prevalente en la población general denominado: Virus Papiloma Humano, cuya sigla es HPV, que proviene de la traducción de la lengua inglesa “human papiloma virus”. Este virus posee varias cepas de una gran familia que abarca alrededor de 80 tipos de HPV, sin embargo no todas son precursoras del cáncer cervicouterino.
El 80% de los cánceres se asocian a las cepas HPV16 y HPV18 y el resto a otras cepas; las cuales en un principio se inician como alteraciones microscópicas a nivel del cuello uterino que son detectadas generalmente por el popular examen de papanicolau.
Es importante recordarles, que el papanicolau no previene las lesiones del virus HPV, sino que las detecta en una etapa inicial para que se logre la cura definitiva y se pueda prevenir la aparición de cáncer en el cuello de la matriz.
Recientemente, hace tres años para ser exactos, se ha logrado aislar una vacuna que termina de una vez por todas con las cepas HPV16 y 18 del virus, lo que significa que si las vacunaciones se hacen masivas, se podría lograr la reducción más impresionante de un cáncer humano a nivel global.
Actualmente en Australia, se ha implementado el programa nacional de vacunación contra el HPV, que seguramente dará sus frutos en los próximos años cuando envidiemos sus significativamente menores tasas de cáncer de cuello uterino.
El problema como siempre, es que para iniciar un programa de la misma magnitud en nuestro país será necesario el desembolso de ingentes cantidades de dinero a las compañías productoras de dichos fármacos.
Las industrias farmacéuticas, como de costumbre, sacan la mejor tajada de los avances científicos que en verdad sirven y venden como “mote” ilusiones alrededor del mundo. Lástima que unos pocos puedan gozar de la medicina preventiva mucho antes que otros y que la única gran diferencia sea el dinero, más que las buenas ideas.
Esperemos que pronto el programa nacional de lucha contra el cáncer en Bolivia haga los esfuerzos necesarios para conseguir dichas vacunas y se realicen campañas para reducir drásticamente el cáncer de cuello uterino. Mientras tanto, hasta que eso suceda, es necesario recordar que el cáncer de cuello uterino aún se previene tomando anualmente la prueba de papanicolau a todas mujeres sexualmente activas, desde la edad de inicio de las relaciones sexuales y durante toda la vida.
*Luis Kushner-Dávalos es ginecólogo obstetra.
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