La mentira está en su apogeo en Bolivia y lo peor es que se instaló en el epicentro del acontecer nacional. Se la ejercita para manchar honras ajenas, para administrar los bienes públicos, para engañar a gente modesta, inculcándole el odio y el revanchismo. Incluso con ella se pretende desfigurar el pasado del país.
El filósofo español Fernando Savater, en su libro Los diez mandamientos en el siglo XXI, al referirse a que el octavo mandamiento establece que “no levantarás falsos testimonios ni mentirás”, dice que “una de las tendencias de quienes están en posesión del poder consiste en cambiar el pasado mediante mentiras y hacer desaparecer realidades que no les gustan. En 1984, la novela de George Orwell, hay un Ministerio de la Mentira, dedicado a cambiar la historia de forma permanente y transformar la realidad en una copia de lo que ha ocurrido en los últimos cien años”.
En el mismo libro, Savater anota que “para el judaísmo —según un rabino— no levantar falso testimonio es un pilar de la sociedad que se constituye civilizadamente. Si se miente no se puede formar una sociedad. El que promete no paga, el que compra no retribuye, el que da su palabra no cumple, el que da su testimonio lo hace mintiendo. Es una comunidad destinada a la destrucción. Nosotros consideramos que la sociedad que practica la mentira desaparece, no puede construirse”.
El connotado periodista argentino Mariano Grondona, en una de sus columnas recientes, titulada La mentira, ¿siempre tiene patas cortas?, expone que “la mentira es moralmente condenable”. Luego recuerda que el ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, tenía como fórmula de trabajo la célebre frase de “Miente, miente, miente, que algo quedará”.
Grondona sostiene que “El propio Hitler pretendió elevar este dicho a la categoría de un principio, cuando afirmó en su libro Mi lucha que cuanto más grande sea una mentira, tanto más fácilmente caerá en ella la masa del pueblo”.
Luego menciona un conocido refrán, de que “la mentira tiene patas cortas”, porque, a la larga, no se sostiene, lo cual coincide con la famosa advertencia de Abraham Lincoln, según la cual “es posible engañar a mucha gente poco tiempo y a poca gente mucho tiempo, pero no a toda la gente todo el tiempo”.
Habrá que recordar también que una mentira hizo caer del poder al ex presidente estadounidense Richard Nixon. Durante un buen tiempo negó que hubiera hecho grabar las deliberaciones de una campaña electoral del Partido Demócrata, en el hotel Watergate. Sin embargo, por acción de dos periodistas, se tuvieron los testimonios suficientes para confirmar que Nixon mentía.
Kant, el filósofo, escribió en un opúsculo que no podía mentirse en ninguna condición, ni siquiera para salvar la vida de un inocente, mientras que, otro filósofo, Nietszche, dijo: “Lo que me preocupa no es que hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti”.
*Alberto Zuazo Nathes es periodista.
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