A raíz de los acontecimientos que han derivado en el receso de un mes de la Asamblea Constituyente, Sucre se ha convertido en el centro de la información nacional, pero distorsionada, especialmente por el Canal estatal, mal llamado el canal de los bolivianos. Lo que ha ocurrido y ocurre actualmente, sólo la prensa local se ocupa de reflejar, tal como los hechos son en la realidad.
Antes de la promulgación de la Ley de convocatoria para la Asamblea Constituyente, Sucre insistió en ser la sede por su condición de Capital de la República, en el entendido, además, de que el objetivo era redactar una nueva Constitución.
Un Gobierno legítimo, respaldado por la mayoría de los bolivianos, tenía en sus manos la posibilidad de lograr legalmente un nuevo pacto social que permita a todos, sin excepción, vivir y trabajar en paz. Nos equivocamos, porque el objetivo había sido la venganza contra quienes nada tienen que ver con lo ocurrido en los pasados 500 años y la prolongación del período de gobierno, copiando los modelos de Cuba y Venezuela, que van contra ruta en los caminos de la economía mundial.
Chuquisaca, convencida y con razón, planteó el tratamiento de la capitalidad, irresuelto durante más de un siglo, porque Bolivia vive con una sede de gobierno de facto y una Capital que no ejerce la capitalidad. No exigió, no amenazó, no impuso nada; simplemente, propuso el debate. Ante la ilegal actitud de sacar el tema de las comisiones por instrucción del Poder Ejecutivo, Chuquisaca unida reaccionó y logró el apoyo de seis de las nueve regiones del país, convencidas de que el nuevo y más importante objetivo era prioritariamente defender la democracia, la libertad y el Estado de Derecho, puestos en riesgo por un pésimo precedente.
Ahí empezó la lucha de los universitarios apoyados por toda la ciudadanía integrada por todas las capas sociales y por todos los sectores de la población, bajo el liderazgo del Comité Interinstitucional. Todos fueron reprimidos por una Policía reforzada que debía acabar con la actitud de un grupo de “oligarcas al servicio de la ‘media luna’, que actuaban apoyados por la juventud cruceñista y otros vándalos y cavernarios que pretendían traerse hasta el Vaticano”, como lo afirmó una irrespetuosa periodista de la Cadena “A”.
En unos casos la información torcida y dirigida de Televisión Boliviana y en otros la insuficiente cobertura de los demás medios de comunicación, fueron la causa de que sólo Sucre conociera la realidad. Al buen trabajo efectuado por el Comité Interinstitucional, le faltó ciertamente una comisión de prensa que difunda lo que cotidianamente ocurría en la capital de la República, que fue el escenario donde se defendió con una unidad, nunca vista, la democracia y la libertad.
Según un periodista del canal oficialista, los policías que llegaron de refuerzo salvaron los monumentos históricos que corrían el riesgo de desaparecer porque los radicales, que nunca faltan, enviaron una llanta ardiendo hacia la fachada prefectural, actitud injustificable por cierto, pero obviamente lejos de poner en peligro su belleza e integridad.
Después del fallo judicial que declaró procedente el recurso planteado por el Comité Interinstitucional, el lunes se llevó a cabo la cumbre indígena con aproximadamente 10.000 campesinos que se reunieron con todo derecho en la ciudad capital. Con excepción del cobarde atentado a la vivienda de la señora Alcaldesa, en la que participaron sólo muy pocos —menos de cien—, todo concluyó pacíficamente, después de una tibia aprobación de determinaciones que desconocen las normas judiciales, por lo que el problema vuelve a punto cero y la Constituyente sigue su viaje hacia el cementerio. Seguramente tratarán de que Sucre sea el chivo expiatorio.
Mientras todo esto ocurría, nuestro Presidente viajó a Venezuela cumpliendo una más de sus sugestivas visitas a Chávez que le volvió a expresar su “sincero afecto y su amor por Bolivia”, bola que nos negamos a tragar con tanta candidez, porque sabemos que lo que busca es el apoyo boliviano para alcanzar su proyecto, mal llamado bolivariano, que nada tiene con el pensamiento del Libertador.
Una de las amenazas contra Sucre es cambiar la sede de la Asamblea Constituyente, pues que la cambien. Aunque sea una ilegalidad, una más, qué más da. Es cierto que peleamos por ella, pero no para acabar con la democracia y la libertad. Es hora de que todo el país conozca la verdad, no solamente los que hemos vivido los acontecimientos. Que el tema de la capitalidad no sea el pretexto para echarnos la culpa de un fracaso en el que no estamos involucrados. Simplemente, planteamos lo que consideramos justo y conveniente para todo el país.
*Gastón Solares Á. es empresario privado
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