El primer ministro de Japón, el conservador Shinzo Abe, muy debilitado por una serie de escándalos, dimitió ayer, menos de un año después de su llegada al poder, dejando a la segunda potencia económica mundial sumida en una grave crisis política.
“Decidí renunciar a mi función de primer ministro”, declaró en una conferencia de prensa Abe que, a sus 52 años ha sido el primer ministro más joven del país asiático desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
También dejó la dirección del Partido Liberal Demócrata (PLD), la gran formación de la derecha nipona, para la que pidió un sucesor “lo antes posible”, para evitar un “vacío de poder”.
El PLD se reunirá el día 19 para designar un sustituto, que será investido inmediatamente primer ministro por el Parlamento.
El actual número dos del partido y ex ministro de Relaciones Exteriores, Taro Aso, nacionalista como Abe, es el favorito.
Aso, de 66 años, subrayó la importancia de organizar “urgentemente” la elección del sucesor de Abe para evitar “un vacío político”. Tras la estrepitosa derrota del PLD en las elecciones senatoriales del 29 de julio, la carrera política de Abe estaba muy comprometida, pues incluso era cuestionado en sus filas.
Unos drásticos índices de popularidad presagiaron su renuncia. Según un sondeo publicado el martes por el diario Yomiuri, menos de 30 por ciento de los japoneses aprobaban su acción.
A todo esto se añadió el reciente anuncio de un semanario popular sobre una próxima publicación de revelaciones que involucrarían a Abe en un asunto de fraude fiscal en el momento de la muerte de su padre.
“La situación inextricable en la que me encuentro hace mi tarea muy ardua. Por eso pensé que debía tomar una decisión para limitar al máximo la crisis política”, explicó Abe, al borde de las lágrimas. Tokio, AFP