La milenaria cultura china sabía ya hace tres mil años que la verdad es un caballo de muchas bridas. De manera que todo depende desde el cristal con el que la realidad se mira, diría la cultura occidental. El problema se establece cuando no somos capaces de entender que parte de la razón (o la otra razón si usted quiere) la tiene el otro.
Esta introducción tal vez sirva para entender el diálogo de espaldas que se ha establecido en el tema de la capitalidad. Cada quien habla con su espejo de manera autista y se refugia en sus consignas sin comenzar lo verdaderamente trascendental, que es la negociación destinada a que Sucre se desarrolle sin que La Paz y El Alto pierdan su peso político y económico de ser sede de los poderes.
Si comenzáramos a negociar por lo que nos une y no por lo que nos divide, tendríamos mejores resultados. Si abandonamos la retórica de tenemos la verdad, las leyes nos amparan, etc., y vamos a lo esencial, podríamos avanzar.
De lo contrario es imposible. Si uno de los actores queda insatisfecho del todo, estamos en graves problemas porque tarde o tempranos los odios se convertirán en
tumor. Miren que estamos discutiendo un tema que hace cien años se zanjó con la Guerra Federal, que aunque ganando La Paz fue un vencedor muy generoso que permitió que el derrotado continuara enarbolando el pendón de la capital y uno de los poderes en su seno. Pero a pesar de ello, Sucre se sigue considerando herida. Imaginemos si se le quita los poderes Legislativo y Ejecutivo (algo que considero imposible) a La Paz o no se le da nada a Sucre. Tarde o temprano los rencores aflorarían en forma de enfrentamiento y llevarían a la división del país.
Lo propio ocurrió cuando los asambleístas paceños negaron la posibilidad de luchar por la constitución del décimo departamento. El peso en voto de La Paz hubiera sido determinante para que el Chaco sea un departamento y esto hubiera sido un golpe muy grande para las arcas de Chuquisaca, Tarija y Santa Cruz. Los constituyentes entendieron que eso podía causar la división del país y no se trabajó en ese sentido, lo que creo mostró una irrenunciable voluntad de unidad nacional.
No hay que ser adivino para saber que la Asamblea Constituyente está herida y que una parte de la derecha quisiera darle los santos óleos, porque está claro que el proyecto de constitución de Podemos y de los comités cívicos conservadores no tiene la menor posibilidad de recibir el voto mayoritario de la ciudadanía.
Se trata pues de salvar el sueño de los bolivianos y para ello hay que reunirse lo más pronto posible en la mesa de negociación e ir al debate que importa: qué darle a Sucre para que su desarrollo esté garantizado.
Lo contrario, discutir sobre si fue legal o no el fallo de la Corte Superior de Chuquisaca o sobre si ningún poder constituido puede determinar lo que hará el poder constituyente, es simplemente volvernos a entrampar.
Este lunes comenzarán las negociaciones y se verá con claridad quiénes verdaderamente quieren soluciones o quiénes quieren poner más piedras en el camino. Y para ello se necesita desprendimiento y sentido común. Y por supuesto dejar de jalar únicamente la brida que tenemos en las manos, porque de esa manera solamente lograremos que el caballo termine con el cuello roto y todos perderemos.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
Polvitos blancos
Me deja pasmado la ligereza con la que el Gobierno se toma el más que evidente florecimiento del narcotráfico, actividad ilícita que la creíamos, sino declinante, al menos neutralizada.
Obispos
No entiendo a los que se escandalizan cuando el Papa afirma que la Iglesia católica es la única verdadera, puesto que lo único que hace el pontífice es defender su cuota de mercado.
El cancán de la ineptitud
Mis respetos al estratega del Gobierno al que debemos la manipulación de la opinión pública, mediante un show mediático de cancán meticulosamente planificado.
No estamos solos
No estamos solos en el mundo y no nos damos cuenta de ello. Y se inquietan nuestros vecinos. No se trata de la generosa simpatía de amigos por las vicisitudes de los bolivianos