Me deja pasmado la ligereza con la que el Gobierno se toma el más que evidente florecimiento del narcotráfico, actividad ilícita que la creíamos, sino declinante, al menos neutralizada. Pero las condiciones creadas tras la ascensión al poder de un hombre ligado al sindicalismo que mantiene su calidad de dirigente de la corporación cocalera están siendo muy bien aprovechadas por un nuevo tipo de “narco” hasta ahora apenas conocido: ya no se trata de un oligopolio controlado por un puñado de barones con aires de filántropos; estamos hoy ante lo que asemeja una gran fábrica donde cada quien ocupa el lugar que mejor le calza en la línea de producción del polvito blanco que promete dinero fácil en cantidades. El negocio se ha democratizado, si cabe aplicar el término al asunto en cuestión.
Dicho de manera muy cruda aunque metafórica, el país no superaría una prueba antidoping ante el sistema internacional: ya se estima en 30.000 has los cultivos de coca, y la mancha del arbusto no parece dejar de crecer, guarismo que supera superabundantemente los requerimientos del comercio y consumo legales de su hoja.
Ahora bien; además de las ventajosas condiciones materiales que por acción u omisión otorga el Gobierno a la expansión de la frontera cocalera, ¿incide el discurso oficialista en el desarrollo de un nuevo sistema de circulación y protección de las mafias del narcotráfico? A mi juicio sí.
El primer campanazo se ha dado durante el más desconcertante caso de intervención que la FELCN tuvo en su largo historial de operativos antinarcóticos: a título de hallarse en “su” territorio, un grupo de ayoreos entorpeció hasta lo indecible el trabajo de las fuerzas de tarea para incautar cuatrocientos kilos de pasta base que iban a ser cargadas en un avión que finalmente no llegó a aterrizar en la pista clandestina de la zona para cumplir este cometido. Los “originarios” actuaron como “campanas” alertando a los narcos sobre la presencia de los agentes en clara actitud de protección a aquéllos. Más tarde, retuvieron la “merca” que reclamaban como suya hasta llegar al extremo de negociar su entrega. A la fecha, no hay un informe sobre la cantidad de droga recuperada.
¿Qué me está diciendo esta absurda situación? Lo digo sin ambages: se trata del primer ejercicio de una “autonomía indígena” de facto, una muestra de lo que podría llegar a ser tal despropósito alentado por el discurso oficialista. Ya se conoce el grado de connivencia entre narcotráfico y grupos campesinos en los territorios paraestatales en Colombia; ¿estamos yendo a eso?
Si de producir polvitos blancos se trata, háganlo, pero contribuyendo a la salud: ¡sustituyan la coca por la estevia! Paraguay va a la vanguardia y no está lejano el día en el que todas las gaseosas dietéticas empiecen a usarla; y si la mayor parte de la caña de azúcar fuera empleada para producir etanol, la estevia tiene grandes chances de convertirse en el edulcorante universal. ¡Qué tal!
*Puka Reyesvilla es docente universitario.
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