Las autoridades de Argentina y Bolivia han aumentado la vigilancia en el tránsito migratorio en su frontera común ante la sospecha de casos de trata de menores en esa zona, según reveló hoy la prensa argentina.
El Comité de Integración en el paso entre Villazón (Bolivia) y La Quiaca (Argentina), formado por personal de seguridad, migraciones y de Aduana, acordaron intercambiar información sobre el paso de menores por la frontera ante la denuncia de casos de tránsito de menores con identificaciones ajenas.
Las autoridades detectaron el 5 de septiembre en esa zona fronteriza el paso de una mujer que pretendía ingresar a Argentina con dos menores de edad bolivianas, de 14 y 15 años, que portaban documentos de identidad auténticos pero que pertenecían a dos jóvenes de 20 años.
"Claramente se notaba que las chicas no se parecían a las fotografías de las cédulas de identidad", dijo el fiscal de distrito en Villazón, Marco Rivadineira, en declaraciones publicadas hoy por el diario Clarín de Buenos Aires.
La mujer que pretendía ingresar con las dos menores quedó arrestada tras comprobar las autoridades que el documento de identidad con el que pretendía identificarse no era el suyo y además tenía en su poder fotocopias de otros documentos de identidad de otros menores.
El cónsul argentino en Villazón, Reina Sotillo, dijo que, de acuerdo a datos de la Pastoral de Movilidad Humana (PMH, de la Iglesia católica), "cada mes desaparecen entre 9 y 11 menores en el sur de Bolivia, la mayoría en el departamento de Potosí", que limita con la provincia argentina de Jujuy.
Estela López, agente de la PMH en Villazón, también dijo que la entidad a la que pertenece tiene indicios de que también se está produciendo tráfico de menores en la frontera entre Salvador Maza (Argentina, provincia de Salta) y Yacuiba (Bolivia).
El martes, la PMH recibió en Villazón a una joven boliviana de 16 años que había logrado regresar a su país tras más de dos meses de explotación.
López relató que al padre de esta chica, residente en Oruro (Bolivia), "le dijeron que la llevarían a trabajar en un taller de costura en Buenos Aires", pero en realidad "la llevaron a un restaurante de argentinos, en el que trabajaba en la cocina desde las 6.00 hasta la medianoche".
"El padre de la mujer que la llevó ordenaba pegarle, diciendo: 'Es sucia, es boliviana'. Tiene cicatrices de uñas en el rostro.
Después de la última paliza, la botaron a la calle. Pudo volver gracias a la ayuda de desconocidos", añadió.
El cónsul argentino dijo que de acuerdo con las nuevas medidas acordadas, esa oficina consular guarda los datos de todas las personas que pasan por esa dependencia y controlan detenidamente el paso y la documentación de los menores. Buenos Aires, EFE