FFAA ocultan documentos del Che El certificado de defunción y el protocolo de la autopsia estaban en el Estado Mayor de Miraflores. Ahora, el comando del Ejército evita mostrar los originales, a pesar de que los textos son públicos.
El Ejército de Bolivia puso en reserva el certificado de defunción y el protocolo de autopsia del guerrillero Ernesto Che Guevara, documentos expedidos por los médicos forenses Moisés Abraham Baptista y José Martínez, en Vallegrande el 10 de octubre de 1967, a pesar de que su contenido ya es público y aparece en al menos cuatro libros, y se encuentra registrado en internet.
Este medio confirmó que estos documentos estuvieron guardados en una caja fuerte en el Departamento Segundo (Inteligencia), del Estado Mayor.
Por ello, hace dos semanas, La Razón solicitó al Comando del Ejército que le autorice el acceso a los documentos para fotografiarlos. Sin embargo, el pedido fue rechazado oficialmente: “Es información clasificada, reservada. Desclasificar un documento es un trámite largo y complicado. No se puede dar información”. Además, el comando tampoco quiso confirmar ni desmentir que los originales del certificado y del protocolo estén en el Departamento Segundo: “No podemos dar esa información”.
El contenido de ambos documentos ya es público porque fueron transcritos en al menos cuatro libros relacionados con la historia del Che Guevara en Bolivia, escritos por Gary Prado, Carlos Soria, William Gálvez y Arnold Saucedo Parada, entre otros. Además, en periódicos e incluso está en internet.
El general (r) Gary Prado, autor del libro La guerrilla inmolada, cuya tercera edición ya se encuentra a la venta, señaló que en su obra “está la transcripción de los dos documentos, pero no sé qué pasó con los originales. Yo no los saqué del Comando del Ejército, y en la prensa se publicaron también, en el periódico El Diario si no me equivoco”.
Cuando se le comentó que los documentos están en reserva, se preguntó: “¿A título de qué? Yo tuve acceso a ellos hace 20 años. Creo que fue una muestra de que en esa época no había ni censura ni restricciones a la prensa... Es una tontería, esos documentos son públicos, a título de qué los van a ocultar. No tiene sentido”.
Además, confirmó que estaban en Departamento Segundo, bajo el resguardo del Comando del Ejército. “La última vez que los vi estaban ahí. No los saqué, grabé el contenido de los textos en una cinta, y posteriormente los transcribí. Se encontraban en una caja fuerte, ahí estaba también el diario del Che, que luego desapareció y lo volvimos a recuperar. Estaban con todos los documentos que pertenecían a la guerrilla”, complementó.
En el certificado de defunción, el director del hospital Señor de Malta, Moisés Abraham Baptista, y el médico interno José Martínez Casso certifican que “el día lunes 9 del presente (octubre de 1967), a horas 5.30, fue traído el cadáver de un individuo que las autoridades militares dijeron pertenecer a Ernesto Guevara, de aproximadamente 40 años de edad habiéndose constatado que su fallecimiento se debió a múltiples heridas de balas en tórax y extremidades. Vallegrande, 10 de octubre de 1967”.
Mientras tanto, el protocolo de la autopsia advierte que “el día 10 de octubre (de 1967) se procedió a la autopsia del cadáver que fue reconocido como el de Ernesto Guevara”. Este documento otorga una descripción de Guevara como un hombre de aproximadamente 40 años, raza blanca, de una estatura aproximada de 1,73 metros.
Detalla que presentaba heridas de bala en la región clavicular izquierda, región costal derecha e izquierda, en la región pectoral izquierda, en la pierna derecha, el muslo izquierdo, el antebrazo derecho. Y establece que la causa de muerte fueron las heridas de tórax y hemorragia.
VERSIÓN OFICIAL
Un comunicado • El 16 de octubre de 1967, el Gobierno dio a conocer que Guevara cayó en poder de las FFAA “gravemente herido”, y que luego fue trasladado a la población de La Higuera, “donde falleció a consecuencia de sus heridas”.
La identidad • Ese mismo comunicado establece que en la identificación de Guevara intervinieron tres peritos argentinos, quienes ratificaron la identidad del muerto y certificaron que el diario fue escrito por él.