Cualquier persona tiene conciencia de que el mundo globalizado —inevitablemente globalizado— no está resolviendo los males de la marginación, pobreza, ignorancia de terrorismo, impredecible y carnicero. La amenaza está ahora en posibles conflictos guerreros entre civilizaciones como ya hace años predijo S.P. Huntington. Una mirada simplista podría hacer pensar que, en la medida en que el mundo se globaliza, disminuyen las diferencias que nos confrontan y aumentan las semejanzas que nos acercan, debería darnos más paz y prosperidad. Sin embargo, no es así.
Y aunque, desde la última guerra mundial —gracias a Dios—, ha pasado más tiempo que nunca sin grandes confrontaciones bélicas de gran envergadura, no se han desterrado las “guerritas” localizadas que, no por el uso del diminutivo dejan de ser inhumanas. A esto ha sobrevenido el ya ha dejado su huella sangrienta en varias partes del mundo. Y prosiguen los ataques suicidas, causando muertes inocentes. Vivimos bajo la inseguridad y el miedo, una de cuyas mínimas consecuencias son las molestias impuestas en los aeropuertos y el endurecimiento de los sistemas policiales.
Sabios de toda índole se preguntan por qué ocurren estas calamidades, y suelen darnos sus remedios como aspirinas. Pero las recetas no hacen el efecto esperado. Con o sin globalización parece que una gran parte de la humanidad sigue siendo cavernícola y fratricida. Por mencionar algunos casos actuales, citemos la inacabable confrontación en el Próximo Oriente, azuzada desde fuera por intereses bastardos. Más al este, Irak podría ser el nuevo Vietnam en el que EEUU perderá su prestigio y su poder hegemónico en el mundo; e Irán está por terminar de equiparse de la bomba atómica con sospechosas intenciones de atacar a Occidente. Si no detiene su propósito podría desencadenar una nueva guerra. Y no hay ONU que valga.
Aunque parezca paradoja, mientras se globaliza la cultura, el intercambio comercial, la tecnología, la misma política y hasta la dieta de millones de personas —todos nos necesitamos a todos— nacen o se magnifican afanes cantonalistas. “Parroquiales” los llamaría Toymbee. Cada uno con sus pretendidas identidades contrapuestas a las del vecino, del hermano. Es el caso, entre otros, del comunitarismo indigenista que propone el MAS en el altiplano. O el de grupos separatistas del oriente boliviano. Un retroceso en la historia nacional. Un impedimento más a la necesidad de integración continental.
Frente a esta compleja y penosa realidad, el mundo debería cambiar de rumbo y orientar sus mejores energías a la globalización del conocimiento, de las buenas maneras en el trato personal e internacional, de la solidaridad y el sentido común, de la fe en un Dios padre que nos hace hermanos. Éste y no otro es el camino para alcanzar la paz, el progreso y hasta la auténtica alegría que tanta falta nos hacen. Una vez escritos estos párrafos me siento más desengañado que antes de empezar. Porque sé que sólo pensarán como yo pienso quienes carecemos de poder para cambiar un mundo que no nos gusta pero que todavía tenemos la esperanza de mejorar, aunque sea tan sólo un poco.
*José Gramunt es sacerdote jesuita y director de ANF.
¿Qué se han creído estos gringos?
El presidente Evo Morales acaba de decir una frase que muchos bolivianos queríamos decir pero no nos atrevíamos: ¿Qué se cree Estados Unidos para estar distribuyendo certificaciones y descertificaciones sobre la lucha contra el narcotráfico?
¿Somos o no un país minero?
Ésta es la interrogante que nos tendríamos que plantear todos los bolivianos, porque lo que está aconteciendo últimamente nos pone en pie de duda si en realidad queremos desarrollar nuestra industria minera o no.
La revolución pendiente
Tiempos de cambio. Tiempos de oportunidades. Tiempos bienvenidos. Se habla de revolución con mucha facilidad. En el discurso oficial y oficioso, toda acción de política pública es clasificada como revolucionaria, desde el bono Juancito Pinto
Derechos indígenas en NNUU y en la Constituyente
Hace 10 días la Asamblea General aprobó su Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas: 143 países a favor, 11 abstenciones y apenas cuatro países en contra. Ni sólo mayoría absoluta ni sólo dos tercios.
Dickens en escena
Yo sé muy bien cuánto debió gozar Dickens en aquellas sesiones en que se transmutaba en esos personajes salidos de su imaginación ...