En Bolivia hay sicarios para ajustar cuentas En El Alto existen grupos organizados que se encargan de resguardar la seguridad de empresarios golpeando y hasta eliminando gente. Desde las fronteras entran grupos de extranjeros para cumplir similares encargos.
Willy (nombre ficticio) es un joven de 25 años que vive en El Alto. Durante el día es guardia de una institución pública y por las noches se convierte en un sicario a sueldo que resguarda la seguridad de empresarios y de algunos dueños de bares.
La Razón dio con él gracias a unas pistas proporcionadas por la Policía que sabe de la presencia de personas como él, pero no tiene denuncias oficiales.
Willy se dedicó a golpear y amedrentar personas por orden de su jefe, quien además de conseguirle trabajo en el servicio público le manda resguardar algún local de diversión o matar gente.
El joven tomó este camino para evadir la pobreza que le acompañó desde que nació. “El dinero que se gana no se compara con las ofertas de las calles, ahora gano dos sueldos y vivo bien con mi familia”, dijo.
Según Willy, lo que él hace es un trabajo de seguridad que tiene sus variantes por la noche. No admite ser un sicario.
“Nosotros nos encargamos de sacar del camino a la gente que molesta al jefe, por lo general la golpeamos nomás, pero cuando se pone terca, como ya nos ocurrió varias veces, las órdenes son directas, hay que matarla y tiene que aparentar un accidente para no tener problemas”, dijo.
El sicario recuerda que una vez recibieron la orden de hacer desaparecer a una víctima, “primero lo ahorcamos (al hombre), luego lo cortamos en pedazos pequeñitos, y después lo metimos en un turril de madera para prenderle fuego. Esperamos toda la noche a que las llamas consuman el cuerpo, echando a cada rato combustible, y cuando quedaron sólo cenizas lo esparcimos en el altiplano, no quedó nada de rastro, fue un buen trabajo”, indicó.
Algunos fiscales, según revela uno de ellos que pide no ser identificado, acuden al mundo de los sicarios, unos para hacer callar a sus oponentes y otros para pedir protección cuando tienen un caso que involucra a peces gordos del narcotráfico, estafas millonarias o cuando investigan casos que afectan a sus colegas.
Los gremiales también estarían involucrados con los sicarios. Datos recogidos por este medio indican que un dirigente de El Alto presiona así a autoridades de la Alcaldía. La persona tiene como aliados a muchos vendedores del Barrio Chino, a quienes encarga trabajos de amedrentamientos, incluso actúa contra sus afiliados que observan su trabajo o tratan de organizar un nuevo sindicato.
Willy relató que él y su gente no se meten mucho con el sector gremial, porque éste tiene una forma de trabajo, “menos profesional”. Hay que tener “sangre fría para hacer que la muerte de una persona parezca un accidente y para hacer este trabajo; después de ubicar a la víctima la reducimos y luego la trasladamos a otro lugar para amarrarla a una silla y la obligamos a tomar trago en grandes cantidades. Cuando está borracha la subimos a un auto y la llevamos a una carretera para empujarla a las llantas de los buses, como está oscuro nos alejamos tranquilamente”.
Sin embargo de lo dicho, en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) no hay denuncias contra sicarios. Así lo informó el Cnel. Édgar Revilla. Lo que sí hay son denuncias de agresiones que no tienen un autor claramente identificado.
Revilla dijo que están tras la pista de una página de internet en la que se ofrece acabar con las personas incómodas. El sitio da un correo electrónico específico e inclusive un número de celular.
Este medio realizó varias llamadas a dicho número. La primera vez contestó una voz que indicaba que el encargado llegaría a medianoche. En la segunda, el encargado indagó sobre la persona interesada, luego de muchas preguntas aclaró que este tipo de trabajos son costosos y que la persona que busca sus servicios debe tener mucho dinero.
La actividad delictiva tendría también implicaciones internacionales. Los extranjeros tienen su espacio en Bolivia, aunque ellos hacen sus contratos en las zonas fronterizas. Desde allí se desplazan por el territorio para asesinar.
Brasileños y peruanos reciben los encargos
Las fronteras de Bolivia también se constituyen en lugares donde se establecen los sicarios y hacen tratos para cumplir con algún pedido de venganza en cualquier parte del territorio.
El caso más conocido se encuentra en la población fronteriza de Desaguadero, donde sicarios de nacionalidad peruana y brasileña establecieron su centro de operaciones. Así lo dice Raúl (nombre convencional) desde la cárcel.
“Los sicarios peruanos son gente que gusta de regatear demasiado para conseguir mucho dinero por sus servicios, en cambio los brasileños en cuanto reciben el monto definido acaban con la víctima rápidamente”.
El interno explicó que a los peruanos les gusta jugar a dos cartas, primero aceptan el dinero que les ofrece el contratista y luego se van en busca de su víctima a la que le cuenta la intención de hacerla desaparecer. Según la reacción de la persona, hace su propia oferta para matar o agredir al primero. De la primera oferta reciben 3.000 dólares y sacan, de la que debía ser la víctima, similar cantidad.
Respecto a los sicarios brasileños, ellos manejan su negocio de manera fría y son más profesionales. “A los brasucos se los contrata pagando de 3.500 dólares o más, de acuerdo con la distancia que deben recorrer dentro del país. (...) son más fríos, llegan hasta la ciudad o población indicada, buscan a su víctima, la estudian por unos cuatro días y, una vez que establecen su plan, matan a la persona sin piedad y nadie sabe de ellos por un buen tiempo”, manifestó Raúl, que comentó que los sicarios bolivianos son menos sanguinarios.
“Si el jefe ordena que matemos a alguien debemos cumplir sus órdenes, de lo contrario nos va mal”. Sicario de El Alto