Aunque el cielo escondió los rayos del sol, la recepción en conmemoración del 185 aniversario de la Independencia de Brasil fue concurrida y la alegría contagiosa.
A la entrada de la residencia del vecino país, el embajador Frederico Cezar de Araujo, acompañado de un comité de bienvenida, saludó a los asistentes. La amabilidad y el carisma del diplomático, virtudes que lo distinguen, se hicieron evidentes en su discurso.
En el acto protocolar, el Himno Nacional de Bolivia y el de Brasil se corearon a varias voces: las de los alumnos del colegio Brasil y las de los asistentes bolivianos y brasileños.
Una muestra de mutuo afecto fue el regalo para el anfitrión, una colorida chalina con diseños bolivianos, prenda que lució durante toda la recepción.
La cantidad de gente que asistió permitió los saludos y los encuentros como los paseos por los verdes y amplios jardines, mientras se degustaba una tradicional caipirinha, bebida nacional hecha de “cachaza”, o unas cocadas y jugos.
El ritmo del encuentro nació de los instrumentos y las voces de los participantes del proyecto Vinicius de los Andes, donde músicos brasileños y bolivianos rindieron homenaje al poeta y padre de algunas de las canciones más emblemáticas de la música popular del país carioca.
La música puso así el encanto al almuerzo que ofreció como platillo la famosa feijoada, con todos los ingredientes. Finalmente, el menú tentó con dulces abrillantados y chocolates. La elección también incluyó un sabroso y aromático café brasileño.