Últimamente casi la totalidad de la clase política de derecha y sus representantes intelectuales se están esforzando en posicionar la idea de que los habitantes de Bolivia en su mayoría son mestizos y esto lo hacen a partir de la variable del contenido cultural y la autodefinición. Para ellos ya es mestizo el hecho que los indígenas hayan migrado a las ciudades. Es cierto que en casi la totalidad de las ciudades metropolitanas hay muchos hijos que han nacido en la ciudad y que son hijos de guaraní-guaraní, guaraní-quechua, chiquitano-aymara, aymara-aymara, quechua-aymara, etc. Sin embargo, la variable autorreproducción biológica es ocultada intencionalmente a sabiendas que ha sido el factor determinante en la estructuración social de Bolivia.
En otras palabras, los blancos son los que históricamente han monopolizado las oportunidades que implican mayor prestigio y estatus social, y los indígenas han sido condenados a oficios de anillos de jerarquía inferior. A eso hemos denominado colonialidad de la estructuración social.
Lo más curioso es que el discurso sobre lo mestizo sale a flote cuando, en la Asamblea Constituyente, los movimientos sociales proponen cuatro temas fundamentales: Estado plurinacional, sistema comunitario, autonomías indígenas y reconocimiento de idiomas y símbolos indígenas como oficiales, todos ellos en contraposición al sistema capitalista liberal y colonial defendido a rajatabla por los partidarios de derecha.
Entonces, planteadas así las cosas, lo mestizo aparece como un discurso político para negar el proyecto societal de los movimientos sociales, bajo el argumento de que como somos un país mestizo, por ende no habría la necesidad de hablar de indígenas, o simplemente habría que considerarlas como minoría. Por eso es que en sus discursos recurren constantemente a la necesidad de integración de los indígenas hacia el proyecto liberal occidental o elaborar políticas tan sólo de reconocimiento a sus idiomas y culturas para sí mismos. En ese sentido, les cuesta admitir que los indígenas, urbanos y rurales, hayan sido capaces de elaborar un proyecto societal comunitario universal como alternativo al sistema capitalista.
Resulta que ahora son ellos los discriminados y el indígena el racista. La pregunta es, ¿cómo se ejerce ese racismo, si en el país no ha cambiado nada al respecto? Es decir, los blancos continúan monopolizando todos los puestos que implican mayor estatus social y prestigio. Lo peor es que son ellos los que en Sucre, diariamente, van insultando con adjetivos de “indios”, “ignorantes”, etc., a todos los constituyentes de extracción indígena, y en Santa Cruz, encabezados por la Unión Juvenil Cruceñista, van pateando y volteando los kioscos de venta de todos los indígenas. ¿Acaso esas actitudes no son racistas? Y cuando se reclama que la única forma de terminar con todo tipo de racismo, venga de donde venga, es la política de descolonización, que solamente significa que todos valgamos por nuestra capacidad, conocimientos, esfuerzo y méritos, independientemente de la raza o cualquier tipo de afinidad étnica, inmediatamente la derecha reacciona y retrocede al pasado.
¿No se dan cuenta que más bien es un principio modernista?
*Félix Patzi es sociólogo, fue ministro de Educación (2006-2007).
La ONU
La Organización de Naciones Unidas (ONU) realiza su 62 sesión de su Asamblea General. Este acontecimiento reunirá a una larga lista de mandatarios que estarán presentes en el debate general de la Asamblea General
“La tormenta perfecta”
La tormenta perfecta, best-seller de Sebastián Junger, fue llevado al cine reflejando la dramática y cotidiana historia de los pescadores que deben enfrentar sus temores, ante las bravas aguas que contienen su preciado tesoro.