La Organización de Naciones Unidas (ONU) realiza su 62 sesión de su Asamblea General. Este acontecimiento reunirá a una larga lista de mandatarios que estarán presentes en el debate general de la Asamblea General, que tendrá lugar el 25 de septiembre. Existen muchos temas pendientes en este foro mundial: el problema de Afganistán, Darfur (Sudán), Irak, Oriente Medio, Kosovo, el cambio climático, y la propia reforma de este organismo mundial. No en vano, el secretario de la ONU, el surcoreano Ban Ki-moon, destacaba que “éste será el período de mayor intensidad de diplomacia multilateral de la historia de las Naciones Unidas. Ahora que nos adentramos en el siglo XXI, la ONU es de nuevo el foro global donde se conversan los temas y se les halla una solución”.
Lamentablemente, la realidad boliviana, tan preocupada de los problemas internos, de la sobrevivencia diaria de miles de ciudadanos, es muy poco informada sobre lo que ocurre en el ámbito internacional y en los organismos multilaterales. Al mismo tiempo, los medios de comunicación otorgan poquísima importancia al panorama internacional, prefiriendo muchas veces la crónica roja, tanto social como política.
Sin embargo, el panorama internacional muestra la existencia de grandes y profundos problemas: la pobreza que afecta a millones de ciudadanos, la violencia, el terrorismo, las enfermedades, la falta del acceso a la educación, la pérdida de dignidad humana, el abuso y la prepotencia de los más fuertes, las grandes migraciones, los refugiados. Todos estos son problemas que exigen una mirada global, desde una participación efectiva de todos los Estados que formamos parte de este planeta.
En este sentido, las Naciones Unidas nacieron como un foro que garantice la paz y la asistencia humanitaria en las regiones más deprimidas del planeta. Poco a poco su labor se fue extendiendo al trabajo por el respeto a los derechos humanos, a proteger el medio ambiente, la lucha contra las enfermedades y la pobreza, en la realización de grandes campañas contra las drogas y el terrorismo. Sin olvidar el servicio que se presta a los refugiados, la remoción de minas terrestres y la lucha contra el sida.
Todavía son muchos los desafíos que la ONU debe enfrentar. Entre ellos, quizá el más importante, es el de constituirse en un espacio político para la generación de una dinámica de cooperación, negociación y construcción de un mundo más justo. Son todavía muchas las asimetrías y las desigualdades que separan muchos Estados. Si no se tiene una instancia reguladora de las relaciones internacionales, la tentación en la que cayeron las grandes potencias es la de construir un mundo a imagen y semejanza de ellas mismas.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
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