Mientras las fiestas cívicas cruceñas han estado brillantes y, como siempre, la Feria Internacional (Expocruz) ha continuado en ascenso, desde estas tierras del trópico no dejan de observarse contradicciones que no dicen nada bueno sobre el futuro del país. Lo primero que llama la atención es la actitud distante, chúcara, entre el Primer Mandatario y los cruceños. La falta de confianza está clara porque SE viene, visita barrios marginales y campos pobres, donde reparte los ya célebres y siempre deseados cheques venezolanos, pero, al mismo tiempo, muestra sus diferencias con las autoridades cambas —excepción del alcalde Fernández— y con lo que él llama la “burguesía terrateniente”. De esa manera prefiere ir a la reunión del Concejo Municipal y rehuir su asistencia a la Feria.
El cardenal Julio Terrazas, en su homilía dominical, insta a las autoridades gubernamentales no estar al lado de la corrupción y de lo ilícito y con la mayor franqueza pide a la comunidad que ore por las jerarquías locales y nacionales y algo más: “No se deben tomar actitudes farisaicas frente a la miseria humana, y en especial en estos días que se habla de tanto dinero o de tantos cheques. Hay que hacer obras de bien para todos”. A buen entendedor, pocas palabras.
Pero, además, hay algo que les sucede a todos los gobernantes y que no es un fenómeno que queramos atribuirlo a Evo Morales solamente. Resulta que, de un tiempo a esta parte —y no sólo en Santa Cruz— Su Excelencia es aplaudido a veces y abucheado en otras. Se lo recibe con entusiasmo por un lado y con rechiflas por el otro. Eso significa que la popularidad de SE puede seguir alta, pero ya está irremediablemente dividida. En estas circunstancias SE recurre a adoptar medidas espectaculares y sorpresivas que lo repongan en lo más alto de la popularidad. Ahora también nos ha sorprendido con el anuncio hecho el domingo de que el presidente de Irán, señor Ahmadinejad, visitará Bolivia esta semana, al decir de AFP: “para profundizar las relaciones con dos aliados de Irán (Bolivia y Venezuela) que comparten su hostilidad hacia EEUU”.
No sabemos si esto de la visita iraní no será contradictoria, cuando hace pocos días el embajador norteamericano Goldberg le expresó al Presidente su preocupación, primero por el tsunami cocalero que nos está inundando y por las relaciones con Irán. Si la respuesta de Morales, a vuelta de correo, ha sido invitar a Ahmadinejad a Bolivia, es nomás un desplante a la torera, muy cerca de las astas del toro. Los americanos siguen insistiendo en que Irán promueve el terrorismo y la Cancillería boliviana responde que Bolivia no tiene que pedirle permiso a EEUU “para determinar con quiénes somos amigos”. Y la Cancillería tiene razón, pero ¿y el ATPDEA? ¿Y la Cuenta del Milenio?
*Manfredo Kempff Suárez es escritor y diplomático.
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