Probablemente la pregunta sustancial debería ser, ¿elegimos entre acelerar el proceso de cambio o acelerar el crecimiento económico? Si bien la economía se encuentra estable con un único nubarrón en el horizonte que se llama inflación, ¿qué podemos decir acerca del futuro?, lamentablemente sólo cuando la marea baje veremos quiénes estaban nadando desnudos; mientras tanto, a disfrutar del verano económico por el tiempo que éste dure. Esta parece ser la realidad que tendremos que afrontar en el futuro ante el poco aprovechamiento, por parte de las economías latinoamericanas, y principalmente de nuestro país, del favorable clima internacional en materia de crecimiento económico. Entonces, ¿qué sucedería en Latinoamérica en general y en Bolivia en particular si se deterioran las condiciones externas del crecimiento económico mundial?, ¿cuál será el impacto de los shocks externos en el crecimiento latinoamericano? Parece que la única certeza que tenemos es la incertidumbre; lo que sí deberemos tener claro es que la bonanza no durará por siempre y este es el momento de establecer los cambios estructurales verdaderos que garanticen las mejoras en los niveles de vida de la población.
Existen algunos interesantes trabajos de investigación realizados considerando este aspecto expresado en las preguntas precedentes. Una de las investigaciones ha encontrado que entre el 50% y el 60% del crecimiento latinoamericano se explica por los shocks externos de la economía mundial —shocks financieros, shocks de crecimiento externos y shocks de precios de materias primas, este último aspecto es el más importante en el corto plazo—, principalmente por los cambios relacionados con las economías de China, India y Estados Unidos. El crecimiento no se explica por el usual sobre-consumo de los sectores público y privado que era el que siempre acompañaba la expansión en el pasado en las principales economías de Latinoamérica. Sin embargo, hay que resaltar también el mejoramiento de la política macroeconómica y la estabilidad alcanzada desde mediados de los 80 hasta mediados de los 90, aunque ésta también tiene mejores frutos cuando se acompaña con un clima internacional favorable.
Después de la crisis de finales de los 90 y principios de la década actual, toda la región latinoamericana está disfrutando de una recuperación económica. Desde el 2004 hasta el presente año, estamos creciendo a un ritmo cercano al 5% haciendo este periodo como el de crecimiento más vigoroso cuyo precedente más cercano es la expansión acontecida durante la segunda mitad de la década de los 70 que tenía, además, similares características en lo que a los altos precios de las materias primas se refiere. Lamentablemente, en ambos periodos, el actual y el de los 70, se ha dejado pasar inmejorables oportunidades que nadie sabe cuándo se volverán a presentar. La política tiene un retraso, desafortunadamente, respecto a la economía; aunque no nos sirve de consuelo, este es un problema no solamente de Bolivia. Las mejoras en las políticas macroeconómicas —fruto también de las mejoras en las condiciones externas—pueden hacer menos sensitivas a los shocks externos a las economías de Latinoamérica; estas mejoras tienen que ver también con una política monetaria más creíble —mayor control inflacionario— e instituciones públicas más sólidas; una mejora en las condiciones de la deuda pública; y una diversificación en la estructura de las exportaciones que reduzca la dependencia de los ingresos por exportaciones de materias primas y, por tanto, de las fluctuaciones en sus respectivos precios.
Por otro lado, si la situación económica internacional está siendo tan favorable, ¿por qué, entonces, al parecer el discurso populista está teniendo tantos adeptos en los países latinoamericanos? Según una importante revista internacional este hecho no es tan evidente, de 13 elecciones presidenciales realizadas en los últimos 18 meses, los radicales ganaron en solamente cuatro de ellas y los gobiernos moderados de centro izquierda y de centro derecha están gobernando la mayoría de los países. La explicación de la victoria de alguna posturas radicales se debe a que el crecimiento no es uniforme entre los países ya que algunos están aprovechando mejor las condiciones externas que otros.
Probablemente la pregunta sustancial en la actualidad debería ser, ¿elegimos entre acelerar el proceso de cambio o acelerar el crecimiento económico?, aunque tengo que recalcar que sobre el primero tengo mis serias dudas y, es más, no entiendo su significado puesto que parece más un espejito que se le cambia a la población a cambio de un probable futuro luminoso y que está encontrando más voces contrarias; sobre lo segundo, claramente estamos bien encaminados aunque al parecer nos dirigimos en sentido inverso pensando, paradójicamente, que son los demás países los que marchan en reversa.
*Ramiro Luján Ch. es economista.
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