Hay una para cada tipo de necesidad: respiran, tienen memoria y se autoventilan.
Texto: Mabel Franco Fotos: Pedro Laguna
El dolor en el cuello y en la espalda es uno de los motivos de consulta más frecuentes en la actualidad, afirma el traumatólogo Óscar Hevia y Vaca. El estrés es la causa, “un estrés que no se deja ni al dormir pues uno en la cama sigue como un garrote, con los puños cerrados, los dientes apretados y los músculos de la nuca tensos”. Si de paso no se puede ni hablar con la almohada, por incompatibilidades con ésta, no sólo la noche sino el día que viene prometen ser un infierno.
Hevia y Vaca dice que el tema de la almohada es absolutamente individual; incluso hay quienes no la utilizan. Si algo se puede generalizar es la llamada regla de oro que implica conservar “la línea dorada del medio”. Esto quiere decir que el hombro y el cuello deben quedar alineados con la almohada, de manera que aquél “no quede torcido ni hacia abajo ni hacia arriba”. Por lo demás, salvo problemas de salud muy puntuales, el usuario debe buscar la que más se le acomoda.
El mercado ofrece hoy opciones muy amplias para hacer la elección. Materiales, formas, texturas, consistencia, alto y ancho, las posibilidades de combinación llevan a pensar en que no quedará necesidad sin satisfacer.
María Susana Medrano Valdivia, gerente propietaria de Mi Casa A&M, es testigo de cómo hay gente que acude en busca de una almohada por recomendación de su médico. O de personas que le piden, a veces en tono de súplica, que le recomiende una nueva compañera de sueños en vista de que la vieja sólo le trae dolor de cabeza.
“Tenemos 32 diseños distintos”, dice y exhibe. El cliente queda prendado muy pronto de alguna de las níveas maravillas capaces de “respirar”, de ser “termosensibles”, “masajeadoras”, “de células abiertas”, “siempre frías”, etc. etc. Claro que nada se compara con la Nasa, viscoelástica o capaz de una “memoria” que le permite acoger la cabeza como una madre, recuperando rápidamente su forma. Marshmallow, la bautiza un enamorado, mientras Susana expone que el material es el mismo que usan los astronautas en las naves y que debe ser comodísimo pues en muchos días no tendrán demasiadas opciones de movilidad.
Si todo lo dicho no convence al usuario, el argumento de higiene tiene que hacerlo. “Caspa, saliva y otros desechos de la cabeza humana quedan en la almohada. El sudor y el calor crean el microclima ideal para hongos, bacterias y ácaros”, dice Medrano. Frente a ello, las aliadas del sueño del siglo XXI están tratadas para combatir estas plagas “responsables de alergias y contagios”.
La decisión, recuérdese al Dr. Hevia y Vaca, es personal. Así que ¡a consultar con la almohada!
Las entretelas
l Resortes. No se sienten, pero están ahí para que el objeto “respire”.
l Lavables. Fuera de las fundas impermeables, algunas se pueden lavar.
l Aireadas. Amplios poros hacen que la humedad del cuerpo se evapore.
l Relajantes. El cuerpo se mueve y los pinchos responden con masajes.
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