Comencé el 2007 sugiriendo una especie de “Agenda 25” para que a lo largo del año se fueran desarrollando iniciativas de diversa índole en virtud de que este 10 de octubre conmemoraremos cuarto siglo de vida republicana en democracia. Faltando pocos días para tan significativo acontecimiento, diversas instituciones están preparando, cada cual a su manera, actos que sellen la trascendencia de este logro.
Sintomáticamente, el Poder Ejecutivo, que nos tiene acostumbrados a obrar con gran despliegue de recursos cuando de dividir al país se trata, ha ignorado completamente el tema. Desperdicia de este modo una imperdible oportunidad para propiciar un reencuentro entre bolivianos en nombre de la libertad conquistada tras largos periodos de luchas contra las dictaduras. No me cabe duda de que la apatía gubernamental va a otorgar a las actividades que se gesten desde la ciudadanía un espacio mayor del que podrían esperar si existiese un programa oficial de conmemoración; ante ausencia de éste, mayor relieve de aquéllas.
La libertad es consustancial a la democracia; en tal sentido, todo intento de desmerecerla es, en el fondo, una amenaza contra la libertad. Y para cuestionarla, sus detractores acostumbran a repetir que “la democracia no ha resuelto el problema de la pobreza”. La democracia, mi amigo, no ha resuelto el problema de los accidentes de tránsito ni el de los embarazos no deseados —fíjese que no pongo el problema de la altitud u otros de orden natural— por la sencilla razón de que no es la llamada a hacerlo; a lo mucho, es el marco más propicio para la implementación de políticas de reducción de la pobreza, pero su eficacia o no está tanto en los instrumentos que se usen para combatirla como en factores estructurales y concurrentes. Será justo también que cuando la pobreza sea derrotada no se le atribuya todo el mérito a la democracia, sino a una adecuada gestión integral.
Con la democracia vinieron las claves que realmente la definen: la libertad, la inclusión (paulatina y progresiva), la participación (decisiones y controles), la posibilidad de la construcción de ciudadanía, el debate público, el sistema electoral (palabras y votos en lugar de tiros), la conquista de espacios políticos, la emergencia de expresiones de la Bolivia profunda, el derecho a disentir; no es poco e ignorarlo es, cuando menos, una grosería.
Muerte, desaparición, exilio o cárcel por razones políticas quedaron atrás. Hace 25 años conquistamos la libertad una y diversa: de expresión, de asociación, de circulación, de prensa, de elección de representantes, de imagen. Hago hincapié en la libertad porque en su ausencia todo lo demás se torna en ilusorio.
El ejercicio de la libertad como derecho es tanto disfrute como responsabilidad. No se debe, en su nombre, afectar el derecho de los demás —el de circulación, por ejemplo, que se ve conculcado cada vez que se verifica un bloqueo de caminos—. Libertad, libertad, querida libertad…
* Puka Reyesvilla
es docente universitario.
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