El tema de la capitalidad, cada vez más, se está alejando de la realidad porque fuera de Chuquisaca no se conoce la verdad debido, principalmente, a la poca cobertura de los medios de comunicación nacional y a las distorsiones del canal estatal, lo que da origen a sentimientos de animadversión hacia las autoridades y ciudadanos de la Capital de la República.
Sucre no quiere enfrentamiento con La Paz, no pretende trasladar el centralismo ni lograr su desarrollo en desmedro de la actual sede de gobierno. Tampoco pretende entorpecer el trabajo de la Asamblea Constituyente porque durante mucho tiempo, cuando la capitalidad estaba ausente de su agenda, igual se aplazó por múltiples causas. Atribuirle el fracaso a la demanda chuquisaqueña, sería simplemente una calumnia. Suponer que el presidente del Comité Interinstitucional, que es rector de la Universidad de San Francisco Xavier, es el pongo del presidente del Comité Cívico de Santa Cruz, como lo ha mencionado la irrespetuosa periodista Amalia Pando, es una afrenta. En la ciudad blanca no hay intereses ocultos, ni se encuentran oligarcas, así se los busque con lupa. Chuquisaca es el segundo departamento más pobre del país. Que puedan existir intereses políticos, es posible, porque la política está en todo, pero el objetivo es principalmente cívico.
Efectivamente, el retorno de los poderes del Estado no es posible de la noche a la mañana. Ya lo dijimos, somos locos, no imbéciles, como para no entender la posibilidad y la imposibilidad de las demandas. Por eso insistimos en el diálogo, pero en la instancia que corresponde. Resulta que ahora es intransigencia e indebido exigir el cumplimiento de la ley, que es lo que estamos haciendo los chuquisaqueños.
El tema de la capitalidad es parte del cambio, es buscar la unidad de los bolivianos acabando con el centralismo que divide. ¿Acaso ahora no se habla del eje central, de las ciudades y departamentos del interior, que casi no cuentan? Todo es parte de un proceso y la capitalidad y las autonomías forman parte de ese proceso.
El primer paso podría ser el traslado del Poder Legislativo. Existen muchas razones: políticas, administrativas, económicas y geopolíticas que respaldan este planteamiento que deben ser consideradas en un escenario nacional, porque el problema es nacional. No es cuestión de insistir en un diálogo de sordos entre La Paz y Sucre, con la mediación del Gobierno que ya tomó partido, ni tampoco es cuestión de ofrecer a la capital de Bolivia una que otra oficinita para que no jodan los chuquisaqueños. No es una palabra que utilizaría normalmente, pero en este caso, no hay otra.
El objetivo tiene que ser la conveniencia nacional, el cambio que logre un desarrollo armónico y equilibrado de todos los departamentos de Bolivia, lo que no se ha alcanzado en más de cien años de centralismo.
El diálogo tiene que permitir escuchar razones de todos porque todos tienen que ver con la capitalidad. Tiene que lograr convencer a La Paz que es una ciudad sitiada por El Alto, donde ni siquiera se llevan ya a cabo las reuniones cumbre de alto nivel. Hay que demostrarle que el presupuesto del Legislativo no afecta significativamente su economía, como se probó durante los muchos años de dictadura cuando no hubo actividad congresal y nadie se rasgó las vestiduras por ese hecho. ¿Se dan cuenta los paceños de sus descuidadas otras opciones como el potencial turístico de todo el departamento y de la actividad industrial de El Alto? ¿Acaso su propio Prefecto no es partidario de la autonomía y no está consciente de los aspectos negativos del centralismo?
¿Por qué no dialogar sin condiciones —porque no se puede llamar condición el exigir el cumplimiento de la ley—, sin pelearnos? Claro que el diálogo es posible, siempre y cuando sea respetuoso y entre representantes de todos los bolivianos, porque el tema de la capitalidad no incumbe sólo a paceños y chuquisaqueños, es de todos los bolivianos. Para que sea efectivo, es imprescindible ciertamente que hablemos la verdad.
*Gastón Solares Á. es empresario y escribe desde Sucre.
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