Cinco municipios, ubicados en los departamentos de La Paz y del Beni, unen sus fuerzas para conformar una red de servicios turísticos que les permita obtener ingresos altos, pero sin dañar el medio ambiente.
Texto: Jorge Soruco Ruiz • Fotos: Miguel Carrasco
Los gritos de cientos de parabas rompen el silencio de la selva. A unos 200 metros del santuario de las aves, en una plataforma de madera, ocho turistas observan el espectáculo, uno de los atractivos del Destino Verde Rurrenabaque.
El proyecto Destino Verde es una iniciativa financiada por Usaid, que busca fomentar la creación de una estructura de turismo ecológico rentable en varios puntos de Bolivia.
Rurrenabaque, San Buenaventura, Santa Rosa, Los Santos Reyes e Ixiamas son las poblaciones que conforman el primero de estos puntos de turismo ecológico en el país.
“Básicamente, se busca maximizar los beneficios que reciben los operadores y la población en general, pero minimizando el impacto que la llegada de visitantes pueda tener sobre el ecosistema local”, asegura Rodrigo Mariaca, de Conservación Internacional.
Mariaca es uno de los biólogos que asesoró el desarrollo del Destino Verde Rurrenabaque, el cual se basa en tres pilares principales: el económico-empresarial, el socio-cultural y el ambiental.
“El primer soporte se basa en la idea de que la gente necesita ganar dinero para sobrevivir. Se cree que si esto daña el medio ambiente, pues qué pena. Esta idea es errónea. Hay que crear un sistema que permita que las personas tengan ganancias de una manera compatible con la conservación”, explica Mariaca.
Este criterio es compartido por el alcalde de Santa Rosa de Yucuma, Waldo Ayala Céspedes. “Nosotros estamos implantando políticas de conservación, pero no lo hacemos porque sí, lo hacemos porque nos beneficia. Un ecosistema en buen estado significa más turistas”.
“Cada uno de los municipios involucrados tienen atractivos diferentes. Éstos se complementan entre sí, pero también funcionan muy bien solos”, asegura Mariaca.
Las venas vegetales
Rurrenabaque es el centro neurálgico del destino. Allí llegan los turistas y desde ahí pueden coordinar el paseo que más les guste.
José Ayala, otro de los consultores del proyecto, describe que “Santa Rosa ofrece animales. Es una especie de suerte sin blanca, siempre verás alguna especie salvaje y, si tienes suerte, los delfines del río se mostrarán ante ti. Por otra parte, San Buenaventura e Ixiamas te ofrecen la comunión con la naturaleza”.
Pero los atractivos son sólo viables gracias a los operadores turísticos, quienes fueron capacitados en administración y el trabajo de guías. Uno de ellos es Julio Cueva, guía desde hace tres años. Su especialidad son los recorridos por el río Yucuma y las pampas de la región.
“No fue fácil convertirme en guía. Al principio trabajaba así no más, sabiendo sólo lo básico. Cuando llegó el proyecto del Destino Verde comencé a tomar clases sobre turismo ecológico, sobre los animales que tenemos”, recuerda Cueva.
El conocimiento que Cueva obtuvo en sus clases sale a relucir cuando guía su barca por el río Yucuma. Los nombres de las especias visualizadas fluyen de su boca en español e inglés, según el cliente.
Además de capacitar a los operadores turísticos, el programa busca la manera de incrementar la calidad de los servicios hoteleros y, de esta manera, incrementar los ingresos.
“Hay un manejo poco adecuado de la administración turística. Muchos de los administradores creen que reduciendo los precios obtendrán más clientes y ganancias. Nada más alejado de la verdad. Los ingresos son insuficientes y los servicios desmejoran. Para corregir esta situación se han dictado cursos de administración turística y de negocios. Muchos ya comprendieron que el chiste es cobrar caro, ofrecer una alta calidad y ganar mucho”, asegura José Ayala.
Una de las empresas que tomó en cuenta el concepto de calidad es el Albergue de San Miguel del Bala, de la comunidad tacana del mismo nombre. Comenzó a funcionar el año pasado y es el primero de la región en cumplir con todos los requisitos de un refugio ecológico para turistas. Los encargados del lugar, todos tacanas de San Miguel del Bala, se capacitaron en administración y operación turística.
Además de ofrecer alojamiento en medio de la selva, la empresa San Miguel del Bala también organiza paseos por los alrededores y otras actividades de entretenimiento.
Una de ellas es el recorrido por la comunidad. También entran en el programa los pases a lo largo del río Beni y las caminatas nocturnas por las rutas de los anfibios selváticos.
El atractivo principal de la estadía en el albergue es la visita al santuario de las parabas silvestres, que se encuentra a media hora de viaje fluvial desde la comunidad.
Así, las poblaciones que han sido provistas por la naturaleza de joyas de la biodiversidad, pueden recorrer el sendero rumbo a su crecimiento, asegurándose que la fuente de sus ingresos, el ecosistema, continúe para bien de ellos y del planeta.