El enviado especial de Naciones Unidas, Ibrahim Gambari, mantuvo ayer una ardua jornada de negociaciones en Birmania, tras la crisis desatada por las violentas represiones de protestas contra el régimen militar.
El emisario pudo reunirse en Rangún con la jefa de la Liga Nacional por la Democracia (LND), Aung San Suu Kyi, luego de una autorización especial de la Junta Militar, ya que la dirigente continúa bajo arresto domiciliario.
Pero si bien el enviado de la ONU había logrado hablar en la noche del sábado con algunos miembros del Gobierno, hasta el momento no logró ser recibido por su jefe máximo, el general Than Shwe, o el segundo en mando, el general Maung Aye.
En un comunicado, la ONU dijo que, tras el encuentro de más de una hora con Suu Kyi, Gamari retornó a la nueva capital birmana, Naypydaw, con la esperanza de hablar con el líder militar o bien mantener otro encuentro con otros miembros de la Junta Militar.
Los esfuerzos diplomáticos coinciden con los fuertes operativos del Ejército en las principales ciudades del país, tendientes a sofocar el peor levantamiento en casi dos décadas contra el régimen militar de casi 45 años.
Según el embajador británico en ese país, Mark Canning, unas 15.000 tropas ocupan la ciudad de Rangún, lo que ayuda a explicar el reducido número de manifestantes en las calles ayer comparado con días anteriores.
“Han conseguido crear una imagen de normalidad pero sólo gracias a una fuerte presencia militar”, afirmó Canning, y añadió que las protestas seguramente no se apagarán por al enfado de la gente por las pésimas condiciones económicas que padecen.
Los militares buscan que los monjes, quienes lideraron las protestas, no puedan salir de sus monasterios. BBC Mundo.