Recibido con los máximos honores de Estado, el pasado 27 de septiembre el Jefe de Estado de la República Islámica de Irán: Mahmoud Ahmadinejad visitó nuestro país, solidificando el alineamiento diplomático ´antiimperialista´ de Irán en pos de lograr una nueva, revolucionaria y antiimperialista Latinoamérica que despega de Teherán hacia la Habana, sigue su curso hacia Nicaragua, hace una escala en Caracas y —por el momento— aterriza en La Paz.
En el lapso de las tres horas que Mahmoud Ahmadinejad visitó nuestro país, autoridades gubernamentales iraníes y bolivianas firmaron varios acuerdos de apoyo financiero e industrial que engloban un monto de 1.100 millones de dólares, para la ejecución de programas sobre hidrocarburos, industria, minería, infraestructura, agricultura, recursos naturales y forestales, construcción, manufactura, producción, agua, ciencia y tecnología.
A su vez, ante un auditorio de funcionarios, dirigentes sindicales y políticos afines al oficialismo el presidente Morales llamó: ´Compañero revolucionario y hermano´ a Ahmadineyad y afirmó que muchos bolivianos tenían ´El sueño´ de conocerlo; que ´Con mucho respeto, y mucho cariño recibimos esta visita para trabajar de manera conjunta por nuestros pueblos y por la humanidad´; ´Quiero gritar en voz alta que el gobierno y el pueblo de Irán siempre, para siempre, estarán al lado del pueblo boliviano´.
Bajo el marco de muestras de amistad y una serie de acuerdos políticos y económicos firmados entre Irán y nuestro país, me preocupa el nivel de relacionamiento boliviano con un régimen político que tiene temáticas pendientes con la comunidad internacional en general y con la Asamblea General de la ONU en particular, en ámbitos que se circunscriben a la insistencia de Irán por mantener el programa nuclear y a un sinnúmero de situaciones que evidencian el deterioro de la situación de los derechos humanos iraníes, a saber: restricciones hacia las libertades fundamentales de expresión y asociación, detenciones (arbitrarias, sin acceso a familiares y representación legal) hacia defensores de los derechos humanos, actores políticos, homosexuales, periodistas, estudiantes, abogados; y además persisten muchos casos que denotan discriminación electoral, represión, acoso y detención a minorías étnicas, políticas y religiosas; diversas prácticas discriminatorias hacia la mujer; restricción de actividades de las ONGs; aumento de prácticas como ser: torturar, apedrear, azotar, amputar, entre otras. Y, si el número de ejecuciones iraníes —vía pena de muerte por traición, espionaje, asesinato, atracos a mano armada, narcotráfico, violaciones, sodomía, adulterio, prostitución y apostasía— fue de 177 personas durante el 2006, es alarmante el número real al cual ascenderán las ejecuciones y sujeciones a muerte o castigo corporal en tierras iraníes.
Bajo el trasfondo de estas consideraciones, como ciudadana boliviana en ejercicio y haciendo uso de mis facultades constitucionales, me permito no sentirme identificada entre ´Los muchos bolivianos que tenían el sueño de conocer´ al presidente Ahmadinejad y por ende discrepo con las declaraciones de valoración y aprecio hacia un gobierno y a un dignatario de Estado que deja mucho que desear en relación al respeto y evaluación hacia la vida humana y a los valores democráticos.
Fuente: Amnistía Internacional y suplemento de La Razón
Bolivia e Irán de fecha 28 de septiembre de 2007.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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