En un contexto intelectual distinto, Hanna Arendt toma prestada una frase que caracteriza las contradicciones del siglo XX, pero que muy bien podría acomodarse a la centuria que recién se inicia: ´Este es un siglo notable que comenzó con la revolución y acabó con el ‘affaire’´; lo que sigue a la cita aún no puede endosarse a los tempranos acontecimientos del siglo XXI, pues Roger Martin Du Gard, autor de tal referencia, concluye que el pasado podría muy bien ser denominado ´el siglo de los desperdicios´.
La región, y nuestro país en especial, se vieron impactados por luchas sociales que han marcado la política y la sociedad de nuestro tiempo. Sin embargo, lo que se vive en nuestro impredecible presente, en medio de la pirotecnia y la declamación retórica, no hace otra cosa que confirmar los varios sentidos asignados a la expresión ´affaire´: o como suceso oscuro que permanecía bajo un manto oculto, que de pronto sale a la luz, poniendo en evidencia a sus responsables; o como el romance descubierto, al que no se le da más valor que el de un enamoramiento pasajero.
Y es que en estos tiempos de consejos políticos y comités suprapartidarios, en los que se busca resucitar al cónclave de la Asamblea Constituyente, las negociaciones y los pactos —siempre transitorios y de cálculo político excesivamente coyuntural— volvieron a desnudar la dependencia del Gobierno respecto de fracciones de poder que nunca dejaron de presionar para mantener el ordenamiento político y económico que le conviene a sus intereses. Entonces, los equilibrios de poder se construyen a razón de estas fracciones de clase, que ahora han demostrado su poder con matices de movilización social ´cívicamente´ organizada en clave regional.
Detrás de todo este proceso, los fragmentos ocultos de las negociaciones sólo dejan ver la apariencia de una lucha por el poder que busca siempre constituirse en esa hegemonía que requiere tanto del consenso ideológico. Los actores que brindan el equilibrio coyuntural ahora no son los ´movimientos sociales´, sino las clases dominantes.
Así, todo el mundo se pregunta si es que en verdad es la capitalidad la que cercena el paso hacia la Asamblea o es que las reformas al sistema político, con la reelección incluida, son las que no dejan abierta ninguna senda para concluir con la promesa de reforma del Estado que buscó el actual Gobierno a través de la Asamblea Constituyente. De la revolución anunciada y vitoreada, sólo queda el eco del ´affaire´ de una búsqueda instrumental de reproducir el poder.
De la misma manera, puede pensarse que el romance con los ´movimientos sociales´ pudo ser intenso, pero, por ahora, su continuidad es dudosa.
*Gustavo Luna es comunicador y trabaja en el CEDLA.
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