La junta militar birmana pidió ayer a la población que no se resista a las detenciones que está llevando a cabo de gente que participó la semana pasada en las manifestaciones duramente reprimidas, mientras el emisario de la ONU regresaba a Nueva York para entregar un informe.
Una semana después de la aniquilación del movimiento popular encabezado por los monjes budistas, los militares recorrían las calles advirtiendo a través de altavoces que los que se manifestaron están fichados y serán detenidos pronto.
“Deben quedarse en sus casas. No salgan. Tenemos las fotos de las personas que buscamos. Las vamos a arrestar”, decían los soldados en la principal ciudad del país, donde impera un toque de queda. “No puedo dormir en casa por la noche. Me escondo y cambio de lugar”, dijo uno de los que participaron en las protestas.
Entre los cientos o incluso miles de detenidos, ayer se añadió a la lista una empleada local de Naciones Unidas. La mujer, su marido y dos miembros de la familia fueron llevados por las fuerzas de seguridad, informó el representante de la ONU en Birmania, Charles Petrie. “Fueron detenidos en la madrugada”, precisó.
Además, los birmanos continuaban señalando la desaparición de numerosos bonzos. “La gente está rabiosa, aunque sabe que no puede combatir contra los militares. Pero exige que vuelvan los monjes”, confesaba un cuadragenario en Rangún.
Mientras tanto, los 27 países que conforman la Unión Europea (UE) acordaron este miércoles endurecer sus sanciones contra el régimen militar por la represión violenta a la oposición, según lo anunció en un comunicado la Presidencia de turno portuguesa. La represión contra las manifestaciones dejó un balance oficial de 13 muertos. Sin embargo, los diplomáticos aseguran que fueron más. Rangún, AFP